El Día Mundial de las Personas sin Hogar es una buena ocasión para pasar de las respuestas parciales a una política con metas, viviendas y recursos. Este 10 de octubre, Día Mundial de las Personas sin Hogar, Chile enfrenta una responsabilidad pendiente: convertir veinte años de experiencia en una respuesta capaz de superar y prevenir la situación de calle. El Censo 2024 contabilizó 21.750 personas en situación de calle. La cifra llega después de dos décadas de políticas públicas dirigidas a ellas.
Desde el primer catastro nacional, en 2005, y la incorporación de esta población al entonces sistema Chile Solidario a través del Programa Calle, el país ha acumulado experiencia, ha creado servicios de atención y ha construido una importante colaboración entre el Estado y la sociedad civil. Esos programas han protegido vidas, acompañado procesos personales y abierto oportunidades de inclusión, y el compromiso de sus equipos merece reconocimiento. Las diferencias de metodología entre mediciones impiden comparar directamente las cifras a lo largo del período. Pero la pregunta es ineludible: ¿por qué, después de veinte años de esfuerzos, más de 21 mil personas siguen sin un lugar adecuado y seguro donde vivir?
Parte de la respuesta está en la fragmentación de las intervenciones y en su alcance limitado. Las personas en situación de calle tienen necesidades múltiples que requieren respuestas simultáneas y sostenidas. Junto con una vivienda, necesitan salud, ingresos, seguridad, cuidados y la posibilidad de reconstruir sus vínculos. Muchas arrastran, desde la infancia, experiencias de violencia y abandono, a las que se suman el deterioro de su salud y barreras para acceder a servicios. Una cama de emergencia puede salvar una vida en una noche de invierno, y un acompañamiento puede abrir la puerta a una prestación o a un trabajo. Sin acceso a una vivienda estable y a los apoyos necesarios para sostenerla, esos avances pueden resultar insuficientes para superar la situación de calle.
Hay además realidades que casi no vemos. El Censo identificó 3.981 mujeres y 817 personas menores de 18 años en situación de calle. A estas realidades se suman formas de exclusión residencial que esa medición no comprende en su totalidad: alojamientos inseguros, estadías temporales en casas de terceros y desplazamientos reiterados en busca de protección. Que sean menos visibles no puede significar que sean menos prioritarios para las políticas públicas.
Tampoco es solución la penalización del uso de espacios públicos. La persecución de delitos debe distinguirse de las respuestas hacia quienes utilizan un ruco como refugio. Retirar estas estructuras sin ofrecer alternativas habitacionales seguras no resuelve la situación de calle y puede aumentar la desprotección. Un retiro puede recuperar materialmente un espacio, aunque no resuelva la exclusión. En este sentido, recuperar el espacio público y proteger a quienes sobreviven en él no son objetivos opuestos; una buena política debe lograr ambos.
La evidencia internacional ofrece caminos concretos. Los programas de Vivienda Primero muestran que, cuando se entrega una vivienda estable con apoyo, la mayoría de las personas logra mantenerla, incluso tras años en la calle. Finlandia mostró que es posible reducir el sinhogarismo durante más de una década con el compromiso del Estado. Chile cuenta con experiencias que ofrecen una base para avanzar. El desafío es darles alcance suficiente, asegurar su calidad y articularlas con una política de vivienda, salud y protección social.
Superar la situación de calle debe ser, por eso, un compromiso de Estado, que trascienda gobiernos y programas. Eso exige al menos cuatro decisiones. Primero, metas públicas de reducción, con plazos y responsables claros, que permitan a la ciudadanía evaluar los avances. Segundo, viviendas disponibles y equipos suficientes, con financiamiento sostenido, partiendo por la Ley de Presupuestos que hoy discute el Congreso. Tercero, prevención: que nadie egrese de un hospital, de un recinto penitenciario o del sistema de protección de la niñez sin una alternativa habitacional y los apoyos necesarios. Cuarto, coordinación efectiva entre vivienda, salud, trabajo y protección social, porque ninguna institución por sí sola puede resolver un problema con tantas dimensiones.
Tenemos veinte años de experiencia acumulada y alternativas que han demostrado funcionar. Lo que falta es convertirlas en una respuesta sostenida, capaz de llegar a quienes hoy viven en la calle y de evitar que otros lleguen a ella. Este 10 de octubre, el llamado es a hacer de ese compromiso una realidad.
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