Hay parlamentarios que entienden la política como un espacio para representar ideas y canalizar preocupaciones ciudadanas, y hay otros que parecen entenderla como un set de televisión permanente, donde cada aparición busca generar polémica o instalar un personaje. El diputado Javier Olivares, lamentablemente, parece haberse instalado en esta segunda categoría, porque cuando un parlamentario convierte la provocación en estrategia, quien termina pagando el costo también es el partido que representa y el electorado que esperaba algo distinto.
Las últimas semanas han sido reflejo de aquello. Su aparición con una vestimenta que rápidamente generó críticas terminó instalando nuevamente la discusión sobre su figura antes que sobre sus ideas o propuestas, y probablemente ese era precisamente el objetivo. Porque la política de la provocación funciona así, generar ruido aunque no exista contenido detrás del espectáculo, mientras el debate público está marcado por el costo de la vida, la incertidumbre económica y las dificultades cotidianas de millones de personas.
Más aún cuando el propio Olivares es periodista, porque quien viene del mundo de las comunicaciones sabe perfectamente cómo se construye agenda y cómo una polémica puede desplazar discusiones de fondo. Y justamente ahí aparece la principal crítica, porque hasta ahora su presencia pública ha estado mucho más marcada por controversias personales que por iniciativas ligadas a su territorio.
El contraste se vuelve evidente cuando prácticamente todo el espectro político está hablando de temas que sí conectan con las preocupaciones ciudadanas, independientemente de su ideología, desde el ministro Jorge Quiroz, pasando por libertarios, Diego Schalper y la oposición, todos se han pronunciado sobre el MEPCO, la Ley Miscelánea y las medidas para enfrentar el escenario económico. Precisamente Schalper habló hace algunos días sobre la necesidad de destrabar acuerdos y avanzar en medidas que permitan dar alivio a las personas, algo mucho más cercano a las conversaciones reales del país que una nueva polémica por vestimenta.
El conflicto ocurrido en un club deportivo terminó profundizando todavía más esa sensación, las versiones se contradicen, el caso se instala rápidamente en la prensa y nuevamente el foco pasa a ser el espectáculo antes que el trabajo parlamentario. Y eso es precisamente lo preocupante, porque mientras otros representantes buscan posicionar debates o propuestas, Olivares termina ocupando espacio mediático por situaciones que poco aportan a la discusión pública.
Y esto no significa desconocer sus cifras de gestión, asistencia y fiscalización durante sus primeros meses en el Congreso, porque él mismo ha difundido balances sobre su trabajo legislativo y territorial. Pero justamente ahí aparece otra interrogante válida, si existen gestiones, oficios y trabajo parlamentario que exhibir, ¿por qué termina predominando en la conversación pública la polémica antes que esas iniciativas?
El exceso de carisma, cuando no va acompañado de una comunicación política enfocada en las prioridades reales de las personas, termina pasando la cuenta. Y ojalá que, de aquí en adelante, el diputado Olivares vuelva a la prensa por propuestas, acuerdos o gestiones concretas para el Distrito 6, y no por polémicas que duran un día en redes sociales.
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