Las Fiestas Patrias reúnen a las familias en torno a la mesa, la música y el encuentro. Ese espíritu de celebración puede convivir perfectamente con el cuidado de la salud, y no requiere renunciar a nada de lo que hace especiales estas fechas.
Algunas decisiones simples marcan diferencia. Beber agua durante el día, sin esperar la sed, y preferir una copa de vino o espumante por sobre tragos como el terremoto o destilados reduce el azúcar y las calorías, ya que las bebidas y jugos azucarados estimulan el apetito. El pebre casero con tomate, cilantro, ajo y limón reemplaza a la mayonesa industrial, y las brochetas de verduras suman color y variedad a la parrilla.
Comer acompañados y lejos de las pantallas ayuda al cuerpo a reconocer cuándo estamos satisfechos, evitando comer más de la cuenta sin darse cuenta. Las frutas de temporada, con cáscara, aportan fibra y saciedad como postre, mucho más que un jugo. Mantener desayuno, almuerzo y una cena liviana, sin saltarse comidas, evita los atracones que terminan en malestar.
El orden del plato también cuenta. Comenzar con ensalada de hojas verdes antes que con arroz, porotos o papas con mayonesa ayuda a sentirse satisfecho antes y a digerir mejor.
No podemos olvidar la seguridad alimentaria. En dieciocho, las consultas en urgencias aumentan un 30% por intoxicaciones alimentarias, exceso de alcohol y enfermedades gastrointestinales. Comprar carnes en locales autorizados por la SEREMI de Salud, refrigerarlas bien y lavarse las manos antes de cocinar previene sustos innecesarios.
Celebrar no exige renunciar al sabor ni a la tradición, solo un poco de conciencia. Con pequeños ajustes las fiestas se disfrutan igual de bien y el cuerpo lo agradece.
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