Mientras gran parte del país se prepara para celebrar, miles de personas viven septiembre como uno de los periodos más exigentes del año. Garzones, cocineros, vendedores, transportistas, trabajadores del comercio, productores de alimentos y equipos de seguridad enfrentan jornadas intensas, mayor presión y un fuerte aumento de la demanda. Detrás de cada fonda, ramada, restaurante o local abastecido hay trabajadores cuya salud también debe ser parte de la celebración.
La pregunta es inevitable: ¿estamos protegiéndolos adecuadamente? El artículo 184 del Código del Trabajo establece el deber general del empleador de adoptar las medidas necesarias para proteger eficazmente la vida y salud de quienes trabajan. A ello se suman las obligaciones de la Ley 16.744 sobre accidentes del trabajo y enfermedades profesionales. Esto implica mantener equipos y procesos seguros, organizar turnos que permitan descansar y disponer de espacios dignos para realizar las tareas y recuperar energías.
Uno de los mayores desafíos se encuentra en el trabajo informal: cerca de 2,5 millones de personas se desempeñan habitualmente en esta condición en Chile y, durante las festividades, muchas se incorporan a empleos ocasionales sin contratos ni una adecuada protección. Si sufren un accidente, su vulnerabilidad puede ser mucho mayor. La alta demanda no puede transformarse en una excusa para normalizar jornadas excesivas, instalaciones improvisadas o tareas realizadas sin capacitación.
Quienes cuentan con un contrato temporal sí están protegidos por el Seguro de la Ley 16.744. La corta duración del vínculo laboral no les impide solicitar atención frente a un accidente ocurrido a causa o con ocasión del trabajo. También pueden tener cobertura los trabajadores independientes que emiten boletas de honorarios, de acuerdo con su situación previsional y las cotizaciones correspondientes. Por eso es importante informarse antes de asumir que trabajar “por unos días” significa quedar fuera del sistema.
Las celebraciones organizadas por la empresa también pueden estar cubiertas cuando existe una relación con el trabajo, aunque cada accidente debe evaluarse según sus circunstancias. Esto obliga a planificar actividades seguras. Quizás sea momento de cambiar la tradicional carrera de sacos o de “tres piernas” por un “taca-taca”, juegos de destreza u otras alternativas de menor impacto. Celebrar con el equipo no debería terminar con alguien lesionado.
Septiembre combina trabajo acumulado, cambios de turno, celebraciones, desplazamientos y menos horas de sueño. Esa mezcla aumenta la fatiga y puede reducir la atención, los reflejos y la capacidad de reacción. El riesgo se vuelve especialmente grave en labores críticas, como conducir vehículos, operar maquinaria, trabajar en altura o atender pacientes; por lo que agregar a la juguera un fin de semana de excesos puede ser muy peligroso. Disfrute, pero con moderación.
Por último, cabe recalcar que independiente del deber del empleador de adoptar las medidas necesarias para proteger la vida de sus trabajadores, en caso de que alguna persona conduzca bajo los efectos del alcohol, la responsabilidad penal recae sobre la misma, sin perjuicio de que pudiese o no tener – según el caso – cobertura del seguro de accidentes del trabajo. La recomendación es sencilla: si va a conducir, no beba; descanse y ayude a que sus cercanos tomen la misma decisión. Los excesos pueden acompañarnos hasta el lunes, pero sus consecuencias no siempre terminan con la resaca. Cuidar a quienes trabajan también es una forma de celebrar a Chile.
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