Miercoles, 10 de Junio de 2026  
 
 

 
 
 
Opinión

Sostenibilidad territorial: para que vuelva el bosque, también hay que cuidar el suelo

Por Suzanne Wylie, Directora ejecutiva  Fundación Reforestemos

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Durante años, la reforestación ha sido una de las formas más visibles de hablar de restauración ecológica. Plantar árboles se transformó —con razón— en un símbolo potente de acción climática. Pero hoy, en un país que enfrenta una megasequía que supera ya los 15 años y afecta a más del 72% del territorio nacional, la crisis climática nos invita a mirar la restauración de manera más integrada: debemos asegurar que el territorio tenga las condiciones necesarias para sostener vida en el tiempo.

Cada incendio forestal deja mucho más que árboles quemados. También deja suelos degradados, pérdida de materia orgánica, menor capacidad de infiltración y una aceleración de procesos erosivos que pueden tardar décadas en revertirse. Ante un invierno que se proyecta más lluvioso en la zona centro sur, la pregunta no es solo cuánta agua caerá, sino cuánta será capaz de retener un territorio degradado por el fuego. Cuando las lluvias vuelven —cada vez más intensas y concentradas— gran parte de esa agua simplemente escurre, arrastrando sedimentos y no infiltrándose en el territorio.

Frente a este escenario, las soluciones basadas en la naturaleza adquieren una relevancia estratégica. Las OCAS —Obras de Conservación de Agua y Suelo— son parte de esa conversación que necesitamos instalar con urgencia. Aunque poco conocidas fuera del mundo técnico, cumplen la función de frenar la erosión, capturar agua en las laderas, favorecer la infiltración hacia acuíferos y recuperar condiciones mínimas para que los ecosistemas puedan regenerarse de manera sostenible. Estas obras no reemplazan la reforestación ni disminuyen su importancia. Al contrario, la fortalecen.

Quizás una de las grandes lecciones de esta crisis es que restaurar no siempre comienza con lo más visible. A veces empieza con intervenciones silenciosas, técnicas y profundamente estratégicas, capaces de reconstruir las bases ecológicas del territorio. Pero ese esfuerzo no puede sostenerse en solitario. Requiere planificación, alianzas público-privadas y trabajo permanente con las comunidades que habitan esos territorios. Porque restaurar la naturaleza también es restaurar nuestra relación con el territorio y la forma en que decidimos habitarlo.


 
 
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