Viernes, 13 de Febrero de 2026  
 
 

 
 
 
Opinión

La Aurora, un faro ciudadano

Por José Miguel Infante Sazo, Director carrera de Periodismo, U.Central

 

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Aunque han pasado más de dos siglos, cada aniversario de la Aurora de Chile es una invitación a mirar el origen de nuestras palabras públicas. No solo las primeras impresas en el país, sino aquellas que aún hoy sostienen —o tensionan— la idea misma de ciudadanía. Fundada en 1812 bajo la dirección de Camilo Henríquez, la Aurora no fue únicamente un periódico, sino un acto político en el sentido más profundo del término, porque se constituyó en una piedra basal de las ideas de libertad y la posterior construcción de la república. Bien lo sabía, José Miguel Carrera.

Henríquez comprendió y, así lo expresa en el prospecto publicado el 12 de febrero de 1812 y en su primer número del 13 de febrero del mismo año, que la independencia no podía limitarse a la ruptura con la corona española. Había que emancipar también la conciencia.

En sus páginas, impregnadas del pensamiento ilustrado europeo, la razón aparecía como herramienta de liberación, la educación como base de la república y la prensa como espacio de deliberación o ágora. No se trataba de informar solamente, sino de formar ciudadanos capaces de pensar por sí mismos.

La Ilustración guio a la Aurora que, en su corta vida (1812-1813, 58 números), fue una expresión del ethos de Chile, con base en la confianza de la palabra argumentada, el rechazo al dogma impuesto y la convicción de que el progreso social se construye mediante el debate informado.

En un tiempo de alfabetización limitada, Henríquez, el fraile de la Buena Muerte, optó por la circulación de ideas como semilla de igualdad, una apuesta radical para la época y nuestros tiempos. Lo hizo con valentía y coraje en un período turbulento.

Hoy, en una era dominada por la inmediatez digital, la fragmentación informativa, la viralización del enojo, el meme y el clip de 20 o 30 segundos, el legado de la Aurora interpela con fuerza sobre qué hacemos con la palabra pública.  Nos lleva a reflexionar sobre nuestra responsabilidad ciudadana para ampliar la conversación democrática y evitar las trincheras que no le hacen bien a Chile.


 
 
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