Ante la eventualidad de un retorno de ciudadanos venezolanos desde Chile hacia su país de origen, es clave distinguir sus efectos según el plazo y el perfil de quienes podrían regresar. No se trata de un fenómeno homogéneo, sino de dinámicas con impactos diferenciados.
En el corto plazo, es probable que los primeros en salir sean migrantes en situación irregular o con inserción laboral precaria. Desde el punto de vista económico, su salida tendría un efecto limitado sobre el mercado laboral formal y la recaudación fiscal, dado que su contribución tributaria suele ser reducida. A nivel local, incluso podría generar un alivio transitorio en comunas con alta presión sobre vivienda, servicios públicos y convivencia barrial.
Sin embargo, el escenario cambia si el retorno se extiende, en el largo plazo, a migrantes regularizados, con empleo formal, formación profesional y redes familiares consolidadas. En ese caso, la salida sostenida de población en edad activa implicaría una pérdida relevante de fuerza laboral, menor dinamismo del consumo interno y mayores tensiones sobre el financiamiento de las pensiones, profundizando los desafíos asociados al envejecimiento demográfico del país.
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