Miercoles, 1 de Diciembre de 2021  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural… Don Guillermo y los quintrales del Pedrero…

Crónicas de pueblo por Sergio Díaz Ramírez, Instagram @amanecerdelgallinero

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Los campos del 60 y 70 en el sector del Pedrero eran analizados bajo muchos puntos de vista. La gran hacienda San Vicente era objeto de la reforma agraria, y los campesinos organizados en cooperativas recibirían finalmente sus ansiadas tierras. No solo las casas de campo muy bien contruídas, galpones, corrales o silos eran requeridos. A Bencho más que los fértiles potreros planos, le interesaban los lomajes del sector. De niño los recorrió, vio liebres saltar los espinos, perdices sorprender con sus gritos y ovejas pastar bajo los algarrobos.

Los piedemontes de los cerros de San Vicente se formaron en cientos de años con los derrubios acumulados, obteniéndose suelos profundos y fértiles. La flora natural conformada por grandes algarrobos manejados en copa, daban sombra a las vacas y ovejas. Pradera natural vigorosa debido a la fertilidad de los árboles, semillas para alimentación de los corderos, troncos gruesos para la nidificación, podas para leña y flores en racimo para las colmenas de don Romilio.

A pesar de los continuos años de sequía, la floración de los algarrobales persistía, y nuevas colmenas producían las mejores mieles. Don Guillermo, año a año, traslada sus colmenas en primavera, esos dulzores capturados son muy especiales. Desde el 2015 en adelante el verdor brillante de sus hojas y la claridad de las flores fue en bajada, ya no solo era la sequía, pues se establecía cada vez con mas fuerza las atractivas floraciones rojas del quintral. Las aves del campo sin querer van dejando los inóculos de racimos en dichos hospederos a través de las fecas, incluso en los cactus. Ni los cantos de tencas y loicas son confiables en este tema.

Desde hace un par de temporadas visita la zona con sus cajones de igual manera, pero lleva su motosierra y corta los verdes brotes floridos, tratando de ayudar a esos antiguos algarrobos y que así recuperen su vigor. Mientras doña Amelia distribuye las colmenas junto al pequeño Juan, la motosierra humea aceite, tratando de llegar a las raíces introducidas en los torrentes de savia de esos fósiles vivientes. Un cernícalo realiza pequeños saltos y gritos agudos, pues la sierra ha botado su nido recientemente terminado. Una mirada de don Guillermo ya comienza a tener respuesta del trabajo de control de los quintrales. Rayos de sol poniente muestran hojas brillantes que no se veían en las dos últimas acarreadas.

Expertos botánicos señalan los quintrales como plantas semiparásitas, endémicas de Sudamérica, que se multiplican en numerosos hospederos, introduciendo largos haustorios para nutrirse, multiplicar sus hojas, enrojecer sus flores, atraer las loicas, entregar las semillas y que las ingenuas aves las trasladen luego de pasar su tracto digestivo.Tencas,tordos,diucas y otros granívoros trabajan la temporada en las lomas del Pedrero y no miran con buenos ojos la moto de don Guille, a pesar que más adelante agradecerán los verdes paraguas de sombra.

Uno y dos tropiezos en el sendero, la idea es alcanzar una centenaria algarroba en el cordón del cerro, gran testigo de la historia de San Vicente con siembras, silos y yeguadas. Si bien la desertización se ve severa, don Guillermo, zorro viejo de ancestros campesinos, sabe que bajo los terrones y cuarzos existe un banco de semillas que en alguna temporada explotará, quirincas de algarrobos que sueñan con despertar, cigarras prontas a subir los troncos, ojos de cururos al aguaite, alacranes en el fresco y una vida invisible que sólo don Guille puede explicar. Además, entre unos romeros recoge un ramo de huilles que, a pesar de todo, logra nutrir sus bulbos para florecer.

Como la vida no es blanco y negro, los alegres quintrales también poseen un secreto ancestral, ese que descubrieron los tatarabuelos y no es tan conocido, ya que ni don Guillermo se ha dedicado a estudiarlo. Esas hojas brillantes y flores de rojo intenso guardan diversos químicos, los que están siendo utilizados en la botica naturista. Los picunches que habitaron nuestra zona la ocupaban para diferentes males, dependiendo del árbol hospedero. Quintral de maqui para memoria y jaquecas, de álamo como hipotensor, ulceras estomacales y dolor de garganta. El de quisco determinante en la bajada del colesterol.

Don Guille sigue firme con su motosierra, aunque doña Amelia ya no mira con tan malos ojos el coqueto cutral, pues ella es experta en medicina natural con sus mieles de cristal. Esta planta hemiparásita se alimenta de dos fuentes, lo que extraen de la planta y de los nutrientes que generan a través de la fotosíntesis de sus partes verdes. Este género Tristerix, con especies chilenas, se multiplican en los lomajes del Pedrero, mas no le ha sido fácil en las últimas temporadas, pues los sabores puros de las mieles de flores de algarrobo, son cepas atávicas que no se pueden perder.

El silencio de los vientos de mediodía, contrasta con el susurro del vuelo en bandada de unas torcazas, con el incesante golpeteo del tronco en busca de larvas de un hermoso pitío, con el galope libre de unos potros del señor Pardo y especialmente con el grito de cadenas de la motosierra de don Guillermo en busca del fin de los haustorios. Las mieles ancestrales de flor de algarrobo en los cerros del Pedrero, San Vicente, comuna de Calle Larga no se extinguirán, don Guille no lo permitirá, mas las generosas flores rojas de los quintrales, seguramente seguirán encontrando los recovecos de los hospederos y la complicidad de loicas, tencas, tordos y diucas de montes.

Hay labores que no están en los manuales, nacen de la creatividad y voluntad por mantener el equilibrio de la naturaleza. A don Guillermo Contreras Espinoza, sólo los algarrobos lo miraron pidiendo ayuda, y ahora ya reviven en las lomas únicas del Pedrero …


 
 
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