Chile no tiene transmisión comunitaria de sarampión desde 1993. Eso se sostuvo con coberturas altas y vigilancia robusta, y hoy ambas flaquean mientras las Américas enfrentan su peor año en más de dos décadas: cerca de 57 mil casos confirmados en 18 países y 81 fallecidos.
Los números locales incomodan. La segunda dosis alcanzó cobertura de 78,2% en 2025, muy lejos del 95% que requiere frenar una enfermedad capaz de contagiar a entre 12 y 18 personas por cada caso. En la Región Metropolitana, 49 de 52 comunas no alcanzan esa meta, y en Estación Central apenas la mitad de los niños tiene el esquema completo. Hay más de 140 mil menores con dosis pendientes en Chile. El promedio nacional puede dar una falsa tranquilidad, ya que un brote se puede instalar donde la cobertura es más baja.
La vigilancia tampoco está resuelta, pues solo 72% de los casos sospechosos tuvo una investigación adecuada, según registros oficiales enviados a OPS, y el mismo boletín de la OPS en su última edición registra un caso confirmado en Chile, cuando la autoridad informa tres. Un país que aspira a que se verifique su eliminación del virus debe reportar con consistencia.
Para este escenario, el Congreso discute un presupuesto que recorta cerca de 9.700 millones de pesos al Programa Nacional de Inmunizaciones. Puede que parte del ahorro provenga de comprar mejor, pero la protección depende también de vacunadores que busquen a los rezagados, epidemiólogos que rastreen contactos y clínicos que reconozcan una enfermedad que la mayoría nunca ha visto.
Quien viaje a países con brotes, o a eventos masivos, debe revisar su estado vacunal y el de sus hijos. Las familias pueden consultar en el Portal Paciente del Minsal con su Clave Única. Nunca es tarde para completar el esquema.
Mantener la eliminación del sarampión depende de las decisiones que se toman ahora.
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