El 23 de septiembre de 1990, unas 3.000 personas se tomaron la estación de Los Andes y la vía férrea, levantando barricadas para impedir que saliera el automotor de las 17 horas.
Esta manifestación espontánea, respondió a la filtración – por Radio Trasandina AM - del anuncio de Merval de suspender el servicio de trenes de pasajeros desde Aconcagua hacia Valparaíso, motivado por la baja cantidad de pasajeros.
Sin embargo, en respuesta a los tensos momentos, Ferrocarriles decidió continuar con el servicio de pasajeros, pero con un viejo tren diesel de recorrido entre Los Andes, San Felipe y Llay Llay, combinando con automotores desde Llay Llay hacia Valparaíso. Este tren local corrió hasta 1995, cuando el uso del tren era tan bajo que dejó definitivamente de operar.
A 36 años de esta histórica “Toma”, y en momentos en que se plantea la recuperación del tren hacia Aconcagua, debemos asumir que no basta con el romanticismo por el tren y las promesas políticas populistas, ya que además de que vuelva el tren, debemos mantenerlo.
El regreso y permanencia del tren a Aconcagua no solo requiere vagones nuevos y rápidos; requiere mejorar el trazado, vias para mayor velocidad, sistemas de confinamiento, mejores y bien ubicadas estaciones, seguridad en cruces y combinación a otros medios, para posicionar al tren en la actual matriz de transporte y lograr que vuelva en forma eficiente y competitivo.
Si vuelve el tren, que sea para perdurar.
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