PISA 2025 dejó un dato leído como buena noticia: en muchos países la brecha entre ricos y pobres se acortó. En Matemática disminuyó en 29 sistemas educativos. Conviene mirar cómo.
En 22 de esos 29 casos, la OCDE identifica que el acercamiento ocurrió porque retrocedieron los estudiantes de mayores recursos. Entre 2022 y 2025 los aventajados perdieron 14 puntos en Matemática y 20 en Lectura; entre los desfavorecidos la variación fue mínima. Eso no es equidad. Es nivelación hacia abajo.
Y obliga a revisar la explicación más cómoda. Si la pandemia fuera el factor central, el daño debería concentrarse en quienes tuvieron menos clases presenciales y menos acompañamiento en casa. Ocurrió lo contrario: retrocedieron más quienes tenían mejores condiciones para sostener el aprendizaje remoto.
Chile no está fuera. Nuestros 403 puntos en Matemática son el peor registro histórico, pero la curva se quiebra en 2015, no en 2020. Tampoco es un problema de compromiso docente. Un 88% de los estudiantes chilenos declara que sus profesores los ayudan a aprender, frente al 75% de la OCDE. El vínculo pedagógico no se rompió: es lo que mejor se sostuvo.
Si no fue la pandemia y no es la voluntad de quienes enseñan, hay que mirar donde incomoda: el tiempo efectivo de clases, la distracción digital, la formación disciplinar de quien enseña Matemática, la participación real de las familias en el aprendizaje y el compromiso de los estudiantes con lo que aprenden.
Las causas son multifactoriales y la pandemia no es la determinante. La pregunta no es por qué siguen abajo los que siempre estuvieron ahí. Es por qué están cayendo los que tenían todo a favor.
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