Muchos padres y madres se sentirán identificados con la presión y angustia que provoca ver a sus hijos e hijas en prekínder o kínder con una gran cantidad de tareas para el fin de semana, entre las cuales destacan dictados, sumas, exposiciones y un abanico de variados requerimientos.
Esta presión social y académica que enfrentan niños y niñas de 4 a 5 años, en torno a saber leer, escribir, sumar, restar y manejar incipientemente un segundo idioma, genera toda la angustia que pueden provocar actividades descontextualizadas y sin sentidos para esta edad.
La esencia de la Educación Parvularia incorpora el juego como elemento y principio fundamental, considerando que todo aprendizaje resulta significativo y pertinente si se desarrolla mediante actividades lúdicas. Sin embargo, esta creciente sobre escolarización ha relegado al juego a un sitial de escaso significado e incluso de pérdida de tiempo. Muchos jardines infantiles o colegios se han convertido en espacios de competitividad, exitismo y de seguridad de ingreso incluso a la universidad, dando cuenta de altos puntajes PAES asociados a la garantía de un futuro exitoso.
El éxito académico, necesariamente está asociado a la felicidad, satisfacción y a “ser más en la vida”, sin preocuparnos de lo realmente esencial y de lo que responde a nuestra naturaleza. Los bebés ríen y lloran, simplemente cuando ven a un adulto sonreírles o a uno de sus pares llorar, dando los primeros indicios de su capacidad de ser empáticos; no obstante, los adultos vamos rompiendo de a poco este ciclo y esta capacidad, sobrevalorando aspectos que no se relacionan ni con lo primitivo ni con lo esencial.
¿Cuántos de nosotros nos hemos admirado al hacer un gran regalo, y ver que los niños y niñas terminan jugando solamente con su envoltorio?, eso es simplemente curiosidad, experimentación y creatividad. El gran auto de juguete es solo eso, un auto de juguete, pero la caja en la cual viene se transforma rápidamente en una casa, un refugio, una nave espacial, una cama para su mascota. Es decir, tiene mil posibilidades, ¿por qué entonces limitarlas?
Hemos perdido de vista que jugar y ser feliz es el verdadero sentido de la infancia y que adelantar etapas solo genera angustia temprana. Leer, escribir, sumar o restar a los 4 o 5 años, no sobrepasa la capacidad de correr, cantar, bailar y jugar, ni menos la posibilidad de solidarizar, respetar al otro, compartir y ser felices. En este sentido, siempre hemos mirado con positivo asombro, el sistema de Educación infantil que ofrece Finlandia, como uno de los grandes referentes, el cual, sin embargo, no busca adelantar el aprendizaje “formal”, sino más bien propiciar un desarrollo armónico, centrado en el bienestar, el juego, la naturaleza y las habilidades sociales. En este contexto, se une el cuidado diario, las normas de crianza y la enseñanza en un mismo espacio de bienestar, junto con el fomento de la autonomía y la actividad temprana.
Esta realidad privilegia al juego como principal motor de aprendizaje, sin exámenes ni exigencias tempranas, focalizando el aprendizaje en el pensar, razonar, experimentar y convivir jugando. Necesitamos, por lo tanto, volver a “invertir” en lo realmente significativo, es decir, en formar personas sensibles, respetuosas de si mismas, del medio y de la diversidad en todas sus formas, empáticas, reflexivas, lúdicas. En definitiva, seres humanos felices…Con esta inversión les garantizo que todo “éxito” viene por añadidura.
|