Sabado, 11 de Julio de 2026  
 
 

 
 
 
Opinión

Más que láminas: el álbum del Mundial como espacio de desarrollo y encuentro humano

Por Erika Mena Morales Directora Carrera de Psicología UDLA

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Cada cuatro años, la Copa Mundial de Fútbol convoca pasiones que van mucho más allá del campo de juego. Con la edición de 2026 ya en el horizonte, volvemos a ser testigos de un fenómeno aparentemente simple, como es el coleccionar láminas de un álbum, que desde la psicología revela una riqueza profunda para el desarrollo de niños, adolescentes, adultos y familias.

 

Para la infancia, completar un álbum involucra habilidades cognitivas y emocionales esenciales: la tolerancia a la frustración ante la lámina que no llega, la organización del pensamiento al clasificar y ordenar, la memoria visual y el establecimiento de metas concretas. Pero, sobre todo, opera como un poderoso espacio de socialización; negociar, compartir, ceder y colaborar, son competencias que se aprenden y se ejercitan en el acto de intercambiar.

 

En las familias funciona como un puente generacional. Adultos y niños se sientan en torno a las mismas páginas, comparten entusiasmo y construyen recuerdos que perduran. Esto no es trivial, los rituales compartidos son un factor protector documentado para la salud mental infantil.

Lo que ocurre hoy en las ciudades es especialmente significativo. En plazas, espacios públicos y restaurantes, adultos y familias se reúnen espontáneamente para intercambiar láminas.

Por un lado, los encuentros organizados entre adultos coleccionistas se han convertido en un bálsamo para la salud mental; un espacio recreativo que alivia el estrés y reconecta con la nostalgia y la socialización lúdica.

 

Por otro lado, madres, padres y cuidadores, con sus niños y niñas, acuden a estos puntos de encuentro, donde negocian cara a cara con otros, siempre bajo la mirada cercana de sus familias.

Estas instancias crean comunidad, recuperan el espacio público como lugar de vínculo y demuestran que la tecnología no ha desplazado la necesidad humana de encontrarse.

Desde la psicología, invitamos a mirar estas experiencias con nuevos ojos. Un álbum de láminas bien acompañado puede ser una herramienta de crianza, de aprendizaje social y de salud comunitaria.

La pregunta no es si conviene coleccionar, sino qué estamos dispuestos a construir mientras lo hacemos. Completar el álbum del Mundial se vuelve así un pretexto perfecto para tejer comunidad. El verdadero beneficio terapéutico y social no radica en pegar la última lámina, sino en los aprendizajes, el diálogo y los recuerdos compartidos que se construyen en el camino.


 
 
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