Cada 21 de mayo, el relato parece tener un solo protagonista. Y es comprensible. El salto de Arturo Prat desde la Esmeralda al Huáscar quedó grabado como uno de los actos más emblemáticos de nuestra historia. Pero, el Combate Naval de Iquique fue más que ese instante. Fue una secuencia de decisiones, resistencias y, también de otros hombres que corrieron la misma suerte.
La contienda era desigual desde el inicio. La vieja corbeta chilena, prácticamente inmóvil y sin capacidad ofensiva real, enfrentaba al moderno monitor peruano al mando de Miguel Grau. Al advertir la situación, Grau optó por una decisión definitiva, embestir. Así vinieron los tres espolonazos.
El primero es el más recordado. En ese momento, Prat salta al Huáscar, seguido por algunos hombres. Es abatido en cubierta, sellando el gesto que la historia convirtió en símbolo. Pero el combate no terminó ahí.
En el segundo espolonazo, cuando la Esmeralda aún resistía, surge otra escena, menos conocida, pero igualmente intensa. El teniente Ignacio Serrano encabeza un nuevo intento de abordaje. No es un impulso solitario, lo acompañan marineros y soldados, entre ellos Desiderio Arias. Esta vez hay organización y decisión colectiva. Logran abordar efectivamente el Huáscar y se enfrentan en combate directo, cuerpo a cuerpo, en su cubierta. Es un choque breve y brutal. Rodeados por la tripulación peruana, son abatidos uno a uno. Ninguno sobrevive.
El tercer espolonazo llega cuando la Esmeralda ya está derrotada. No hay intento de abordaje. Solo el golpe final que sella su hundimiento.
Lo de Serrano y sus hombres no fue un episodio menor. Desde una mirada estrictamente militar, es el intento más cercano a un abordaje real, de acción coordinada, combate directo, e intención de tomar la nave enemiga.
Sin embargo, la historia, como suele ocurrir, eligió un símbolo. El gesto de Prat, por su fuerza y significado, eclipsó el resto.
Pero el Combate Naval de Iquique no fue obra de un solo hombre, sino también de esos otros nombres, menos recordados, que, en medio del humo, el fuego y la madera que crujía, decidieron saltar y no volver.
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