Me encuentro viviendo en Roma y lo que ocurrió en Calama y lo que está sucediendo en Chile también me afecta.
Nuevamente con conmoción y dolor somos testigos de hechos de violencia al interior de una Comunidad Educativa; en esta ocasión con consecuencias fatales por la muerte de una educadora que cumplía su labor como Inspectora. Me uno al dolor de su familia y también al dolor de la familia del joven de 18 años. Tantas preguntas que surgen; me parece necesario detenernos y reflexionar para poder responder.
Me parece oportuno preguntarnos ¿Qué nos está sucediendo como sociedad?, ¿Qué estamos haciendo? o ¿Qué no estamos haciendo en la Construcción de un país que está normalizando la violencia? ¿Qué responsabilidad tengo yo, la familia, la escuela, los actores políticos, el Estado...?
Este hecho doloroso pareciera; al menos a mi, que nos devela como una sociedad herida, que busca reconocimiento y validación de forma equivocada, entre otros elementos.
Parece urgente detenernos, para buscar juntos y dar verdaderas respuestas que llenen de sentido nuestra existencia. El trágico hecho, es un clamor, un grito de ayuda por la búsqueda de sentido, de valores trascendentales y trascendentes que debemos forjar y formar para no seguir destruyéndonos como sociedad.
Me pongo a disposición.
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