Cada 8 de marzo reflexionamos sobre los avances y deudas en materia de igualdad de género. Sin embargo, aún persiste una desigualdad menos visible y profundamente estructural: la que se manifiesta en la intersección entre discapacidad, trabajo y cuidados.
Las cifras dimensionan el desafío. El 11,1% de la población en Chile vive con alguna discapacidad, equivalente a casi 1,95 millones de personas (Censo 2024). Aunque la implementación de la "ley del 1%" y la figura del gestor de inclusión laboral han impulsado avances, estos progresos conviven con una realidad que sigue siendo relegada: el trabajo de cuidados no remunerado.
En el país, cerca de 1,19 millones de personas realizan labores de cuidado, y la mayoría son mujeres. La evidencia es contundente: el 85% de quienes dedican ocho o más horas al día al cuidado no remunerado son mujeres (Ministerio de Desarrollo Social), y un 61% no ha tenido descanso en los últimos cinco años, según un estudio realizado por la Municipalidad de Lo Barnechea en residentes de la comuna. Este fenómeno, persistente y silencioso, condiciona su acceso al empleo, sus trayectorias laborales y su autonomía económica, sobre todo cuando cuidan a familiares con discapacidad o dependencia severa.
Así, hablar de inclusión laboral no puede limitarse únicamente a promover oportunidades para las personas con discapacidad. Debe incluir también políticas que reconozcan, valoren y acompañen a quienes sostienen el cuidado en los hogares. De lo contrario, seguiremos celebrando avances que, en la práctica, se construyen sobre una brecha que afecta principalmente a las mujeres.
Este 8M, la invitación es a mirar esa otra desigualdad: la que ocurre puertas adentro, en silencio, y que sigue marcando la vida de miles de cuidadoras en Chile.
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