Domingo, 1 de Marzo de 2026  
 
 

 
 
 
Opinión

Salud mental: el profesor que anotaba todo en un cuaderno que nadie leía

Por: Dr. Jaime Fauré, académico Psicopedagogía, Universidad Andrés Bello.

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Marcela enseña matemáticas en un liceo municipal. Tiene un cuaderno azul donde anota cosas que no aparecen en ninguna planificación. "Jueves 14, Tomás no habló en toda la clase. Viernes 15, Tomás llegó con los ojos rojos. Lunes 18, Tomás faltó." Cuando pregunté qué hacía con esas notas, se encogió de hombros. "Las anoto porque alguien debería saberlo. Pero no hay a quién pasárselas."

Ese cuaderno azul resume el problema de la salud mental escolar en Chile mejor que cualquier informe ministerial. Los profesores ven. Los profesores anotan. Pero el sistema no tiene manos para recibir lo que ellos detectan.

Las cifras existen y son brutales. El Ministerio de Salud reportó en 2024 que el 35% de los estudiantes de enseñanza media presenta síntomas de ansiedad y estrés. No hablamos de adolescentes que "se sienten un poco tristes". Hablamos de jóvenes que no duermen, que se autolesionan, que dejan de comer o que simplemente se apagan. Y frente a ellos, un profesor con 44 horas semanales, treinta estudiantes por sala, y un cuaderno azul que nadie revisa.

La Estrategia de Salud Mental en Comunidades Educativas existe desde 2023. Contempla rutas de derivación, capacitación docente, trabajo intersectorial entre Educación y Salud. En el papel, es impecable. En la práctica, depende de que cada municipio tenga recursos, voluntad y personal. Algunos lo tienen. La mayoría, no.

Lo que ocurre entonces es predecible. El profesor detecta, no puede derivar, intenta contener solo, y termina enfermo. O peor, deja de anotar. Aprende que mirar demasiado duele cuando no puedes hacer nada con lo que ves.

Y cuando nadie mira, las cosas escalan. Un estudiante que empezó con insomnio termina en urgencias. Una adolescente que dejó de comer pasa meses sin que nadie conecte los puntos. El Diagnóstico 2025 de la Defensoría de la Niñez lo confirma con frialdad estadística. Durante 2024, 57 niños y adolescentes entre 10 y 17 años fallecieron por lesiones autoinfligidas en Chile. Detrás de cada número hubo señales. La pregunta es cuántas de esas señales alguien anotó en un cuaderno que nunca llegó a ninguna parte.

Hay quienes dicen que los profesores no deberían meterse en temas de salud mental, que para eso están los psicólogos en las escuelas. Es un argumento cómodo, pero falso. El profesor es el único adulto que ve al estudiante cinco días a la semana durante meses. Ningún psicólogo escolar, cuando existe, tiene ese acceso. La detección temprana ocurre en el aula o no ocurre.

El punto no es convertir a los docentes en terapeutas. El punto es construir un puente entre lo que ellos observan y quienes pueden intervenir. Ese puente hoy está roto. O directamente no existe.

Mientras tanto, los profesores pagan el costo con su propia salud. La Superintendencia de Educación registró más de 7.500 denuncias por problemas de convivencia escolar en 2024. Cada denuncia implica un docente que enfrentó una situación límite, muchas veces solo. Las licencias médicas por salud mental entre profesores aumentan cada año, y la deserción de la profesión en los primeros cinco años sigue liderando rankings que nadie quiere encabezar. Pedirles que cuiden a estudiantes en crisis sin cuidarlos a ellos es una ecuación que no cierra.

Tres cosas podrían cambiar antes de julio. Un director puede reservar una hora semanal solo para revisar alertas de estudiantes. Un sostenedor puede garantizar que toda derivación tenga respuesta profesional en menos de quince días. El Ministerio puede entregar una pauta concreta que diga exactamente qué observar y a quién llamar.

Nada de esto requiere nueva legislación. Solo requiere que alguien decida que el cuaderno azul de Marcela merece un destino.

La próxima vez que escuches a alguien quejarse de que los jóvenes están "demasiado sensibles", pregúntale cuántos psicólogos tiene el colegio de su comuna. Pregúntale cuántos días tarda una derivación en convertirse en atención real. Pregúntale si alguna vez un profesor le avisó algo importante sobre su hijo y qué pasó después.

Tomás volvió a clases el miércoles. Marcela lo anotó en su cuaderno. Nadie más lo supo.

 


 
 
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