Director Centro de Investigación y Acción en Determinación Social y Salud Mental
La relación entre ciudad y salud mental ha sido abordada durante décadas desde una lógica simplista: a mayor urbanización, mayor riesgo. Sin embargo, esa asociación rara vez se ha examinado considerando de manera explícita las desigualdades sociales que estructuran la vida urbana, particularmente en América Latina, donde los procesos de urbanización han sido rápidos y profundamente desiguales.
Un estudio reciente liderado por el Programa de Salud Mental Global de la Universidad Andrés Bello, en colaboración con el Ministerio de Salud, aporta nueva evidencia para complejizar este debate desde el contexto chileno y regional.
A partir del análisis de una cohorte nacional de más de cinco millones de personas, el estudio muestra que nacer en zonas urbanas no aumenta, por sí solo, el riesgo de desarrollar psicosis temprana. El riesgo se incrementa cuando el entorno urbano se combina con condiciones de privación social de los padres. En otras palabras, no es la ciudad en sí misma el factor determinante, sino cómo la desigualdad social se expresa y se acumula desde el inicio de la vida.
Este hallazgo es relevante en un campo dominado por estudios realizados en países de altos ingresos, cuyas configuraciones urbanas, sistemas de protección social y trayectorias históricas difieren sustantivamente de las latinoamericanas. La extrapolación acrítica de esa evidencia ha contribuido a explicaciones simplificadas que tienden a atribuir el riesgo a la urbanización per se, invisibilizando factores estructurales como la segregación residencial, la precariedad laboral o el acceso desigual a servicios básicos.
La investigación invita así a desplazar el foco del debate. Más que concebir la urbanización como una amenaza en sí misma, resulta clave interrogar las condiciones sociales en que esta ocurre. En ciudades que crecen de manera acelerada y desigual, la desventaja social temprana puede operar como un determinante persistente de vulnerabilidad en salud mental.
Asumir esta complejidad tiene implicancias directas para las políticas públicas. La prevención de los problemas mentales no puede limitarse al sector salud ni descansar únicamente en intervenciones individuales. Requiere abordar las desigualdades estructurales que moldean el desarrollo desde la infancia, especialmente en contextos urbanos donde oportunidades y exclusiones conviven a corta distancia. Este estudio fortalece la evidencia regional e interpela directamente la forma en que pensamos la relación entre entorno urbano, desigualdad y salud mental.
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