Cada 11 de febrero, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia nos obliga a mirar más allá de la efeméride y analizar la realidad de nuestra Provincia de Los Andes. En un territorio marcado por la industria minera y el trabajo agrícola, la brecha de género en las áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) no es solo un dato estadístico, sino una barrera real que limita el horizonte de nuestras niñas en San Esteban, Calle Larga, Rinconada y Los Andes.
Desde el feminismo territorial, entendemos que la ciencia no es neutra. Históricamente, el conocimiento se ha construido bajo una lógica masculina que ha desplazado a las mujeres a roles de cuidado o administración. En nuestra provincia, el desafío es doble: romper con el estereotipo de que la "técnica" y la "innovación" pertenecen al mundo de los hombres, y asegurar que nuestras jóvenes no tengan que migrar a la capital para ser reconocidas como mentes brillantes.
Para que una niña andina sueñe con ser científica, necesita referentes que hablen su mismo idioma y respiren su mismo aire. No basta con mencionar figuras lejanas; necesitamos visibilizar a las ingenieras, agrónomas y técnicas que hoy ya están transformando nuestra provincia. El "efecto modelo" es clave: lo que no se ve, no se imagina; y lo que no se imagina, no se estudia.
Sin embargo, el talento no florece sin condiciones materiales. La crisis de cuidados es una barrera estructural: en un valle donde las mujeres asumen mayoritariamente las tareas del hogar, el tiempo para la investigación se vuelve un privilegio. Políticas locales que promuevan la corresponsabilidad son fundamentales para que la ciencia sea una opción de vida viable y no una carrera de obstáculos insalvables para las mujeres de nuestra zona.
Finalmente, el desarrollo de Los Andes depende de la mirada de sus mujeres. Desde la gestión del agua en plena sequía hasta la innovación minera sustentable, las niñas de hoy tienen las soluciones para los problemas de mañana. Apostar por ellas no es solo un acto de justicia, es una inversión estratégica para que el conocimiento en nuestra cordillera tenga, por fin, nombre y rostro de mujer.
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