Martes, 17 de Marzo de 2026  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural… Cancerberos del rebaño

Crónicas de pueblo por Sergio Díaz Ramírez, Instagram @amanecerdelgallinero

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Esta crónica viene de antes, de esos años cuando lomajes y potreros andinos mostraban su mejor cara en el tema ganadero. Podríamos estar hablando de la primera mitad del siglo pasado, cuando el abrir y cerrar de tranqueras en los suelos de rulo era algo cotidiano. Incluso los bueyes se mostraban imponentes en los terruños cercanos a las casas de los campesinos, los que, enyuntándolos, araban y rastreaban el suelo de sus chacras de temporada. La imagen fue captada en septiembre del año pasado, y en eso no han cambiado algunos rincones del campo andino, una burrita entre yeguas alazanas percheronas.

Que hacía la burrita esmirriada y somnolienta entre ese ganado mayor. José Zenteno miraba para otro lado y no quiso reconocer que la tenía, debido a esas creencias antiguas, heredadas de su padre, de los andares viejos que bajaban de quebradas cordilleranas. Se escuchaban los relinchos de sus potros inscritos, mimados y entrenados a diario, por otro lado, las yeguas percheronas alazanas paridas se entregaban al descanso y alimentación. Un humilde pan de fardo de alfalfa le bastaba a la orejona, que sin saber cumplía un oficio fundamental, quizás no muy conocido para la gente de pueblo, pero sí, por los ganaderos de oficio.

El comportamiento de guardián de burros ha sido una conducta ancestral y así lo describe la historia, en todos los rincones del planeta. Hace un par de meses al escribir la historia de Pepe Quiroga, en los pagos de Cariño Botado, también nos encontramos con el relato de su hija Delfina, quien al descubrir los preparativos de la comitiva trashumante que partía a la cordillera, integrada por machos pilcheros, cargueros y montureros, se agregaban los burros, que eran los acompañantes ideales en el sitio de su casa, pues avisaba de inmediato si llegaban intrusos, de manera que se extrañaban mucho.

Hace unos veinte años, razones de trabajo me llevaban continuamente a la zona de Uspallata, con el tiempo nos íbamos adentrando en las costumbres de ese mundo rural, es así como llegamos donde la familia Palma, arrieros de tomo y lomo de las montañas del Aconcagua. Eran impresionantes sus mulas negras, tan grandes como un caballo bretón, pero no sólo ese tipo de ganado manejaba su rancho, vacunos y ovejas también pastaban sus campos. La mano de los gauchos era de biblia, acostumbraban burras y burros castrados a convivir con el ganado, sus resultados eran maravillosos, ni siquiera el puma podía acercárseles, siempre buscando la compatibilidad con el rebaño, sin atisbos de agresividad. Historias de fogatas indican que, con sus patas, incluso pueden acabar con el león de montaña.

LN|Campo, revista agropecuaria del diario La Nación de Argentina, en un artículo de marzo de 2025, titulaba “Son bravísimos”, para luego relatar lo que sucedía en un campo de la localidad de Pehuajó, en la provincia de Buenos Aires. El ganadero Santiago del Solar incorporó un par de burros a un rebaño de trescientos vacunos, disminuyendo a cero el ataque de pumas a los terneros del plantel. Las muestras de la presencia de pumas estaban en todas partes al merodear de noche, además que había sido comprobado con pérdidas en los ataques previo a la llegada de los asnos. No es que ataquen a los pumas, se enfrentan con aspavientos y grandes rebuznos, lo que atemoriza los depredadores.

De dónde viene esa característica protectora, es una buena pregunta, pues es conocido más bien por su mansedumbre y humilde servicio. Al tratar de escudriñar la respuesta, nos encontramos con algo mucho más grande y quizás eso mismo nos tranquilice con la interrogante. La historia lo describe como resiliente, humilde y fuerte. Otras culturas lo relacionan con abundancia y fertilidad. Honor en la fe, con Jesús entrando a Jerusalén montado en uno. Quizás lo más relevante es lo que han discutido los pensadores a lo largo de los siglos, en la llamada “Paradoja de Buridán”, interesante contrapunto que se debería meditar.

Los toques de misterio definitivamente están con su impronta protectora, demostrada y practicada en cercanos y remotos lugares. El criadero de José Zenteno así lo demuestra, incluso cuidando las crías de grandes yeguas bretonas, confiando en leyendas que indican que la marca oscura en la cruz es una bendición del propio Jesucristo. Los caminos del campo, creencias y mitos también se van asociando al folclore campesino y conversaciones destiladas de oscuridad llegan a los misterios que hablan de la capacidad de brujos o nahuales para adquirir la imagen de burros y desplazarse sin ser detectados… ahí se las dejo.

 

 


 
 
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