Ya estamos navegando el lago Todos Los Santos, imaginando algo que finalmente es imposible dibujar. Flanqueado por los volcanes Osorno y Puntiagudo, uno recientemente activo en 2015 y el último catalogado como extinto desde hace cientos de años, aunque su mirada lo hace eterno. Una pequeña aldea entre la inmensidad de los bosques nos recibe, tal cual lo hace, a lo menos, desde el siglo XIX, cuando la huella era una ruta comercial de Bariloche con Puerto Montt. Peulla, lugar de brotación en mapudungun, con apenas una cincuentena de habitantes, nos muestra su historia.
El hecho de sólo llegar por el lago, sin carretera, ha ayudado a encontrar un lugar, prácticamente virgen, a pesar de que registros históricos nos muestran a lo menos cuatrocientos años, cuando poyas y puelches eran los que dominaban la ruta hasta el pueblo de los vuriloche.
Dos buses o camiones 4x4, reacondicionados nos reciben para llevarnos a un moderno hotel llamado Natura, que imponente se alza con una vista privilegiada al cerro Techado. A pocos metros se encuentra el control fronterizo Vicente Pérez Rosales, con los servicios contralores: PDI, Aduanas, Servicio Agrícola y Ganadero.
Luego de un reponedor almuerzo, una caminata por los alrededores, siempre mirando la selva arbórea de los cerros circundantes, me lleva con una especial atracción a una construcción añosa, pero señorial. Acompañada con centenarios coigues que habían bajado de la montaña, secuoyas, gigantescos castaños, hojas de nalcas inmensas y tupidas hileras de hortensias. Una que otra cortina corrida, luces que apagadas a veces resplandecían y voces con eco, que marchaban entre paredes frías. Un letrero decía: Hotel histórico Peulla de 1895, ese era el destino, el corazón late con fuerza y el desafío es conversar con su historia.
Un portón abierto y Gloria saluda con ese aire sureño cálido, de alguien que no desconfía. Un par de minutos y ya teníamos la anuencia para recorrer parte de la historia, entre esos cuadros con fotografías sepias que dan relato y piden comprensión. Fines del siglo XIX, la ruta comercial iniciada entre indígenas y utilizada por los jesuitas en el siglo XVIII, entraba en franca decadencia, un colono suizo de nombre Ricardo Roth, decide dar un giro y apostar por la ruta del turismo creando la empresa Andina del Sud.
El tiempo se detiene -mientras los turistas se alborotan para las actividades de canopi, trekking, cabalgatas, ruta del encanto, cascada de la novia, o el paso a la navegación del Nahuel Huapi camino a Bariloche- junto a Gloria seguimos en la mirada al pasado. Elegante recepción suspendida en el tiempo, escritorios y muebles de finas maderas nos muestran la llegada de los europeos, quienes han probado el remozado barco de carga y el traslado en relucientes carruajes con altivas mulas bayas de paseo. En 1895 un colono alemán llamado Carlos Wiederhold, construyó la casa de huéspedes, en la ruta comercial lo que posteriormente daría paso al hotel histórico, el mismo que entre penumbras y pisos de madera se sigue conservando.
No puedo dejar de recordar el hotel de Libertadores, cuyos fantasmas nunca dejaron de recorrer las piezas vacías, nunca ocupadas, posterior a la avalancha del cerro el indio, en 1984 … El viento invernal rugió en ambos hoteles y por instantes fueron comparables en ese ambiente fronterizo.
Los efectos de la primera guerra mundial terminaron con la ruta comercial, mientras Ricardo Roth bregaba con su ruta turística patagónica, con cocina ancestral de huevos de choique e interiores de guanaco.
La fotografía nos muestra una imponente chimenea que se eleva varios metros en el techo, como símbolo de estas tierras frías y lluviosas, pero románticamente cálidas, llenas de historia, de ciervos, jabalíes, jotes y cóndores, líneas de rojizos caducos de altura y coigues bajos siempre verdes. Declaraciones de Alberto Schirmer, nieto de Ricardo Toth, propietario de la ruta de navegación y del nuevo hotel Natura, comenta en una entrevista a Guillermo Canales, que la leyenda del lugar recorre aún con la locura del pionero y patriarca de principios del 1900.
Si bien me quedó pendiente el término de la ruta andina, la mirada a los puertos Frías, Alegre, Blest, cruce del Nahuel Huapi hasta puerto Pañuelo a un paso de Bariloche… he preferido detenerme junto a Gloria y su mirada al pasado, a los cuentos invernales del cerro Techado y la mirada protectora del siempre presente cerro Tronador. También pendiente la ruta oculta de los aborígenes de Purailla, descendientes de los mapuche-huilliche, que buscan entregar otro punto de vista de la zona lacustre a un lado del Llanquihue. Ha llegado la modernidad de los hoteles cinco estrellas, mas el pasado del hotel histórico aún no agoniza y sigue revelándose en ese recuerdo de los carruajes de mulares bayos.
Nota: Agradezco a doña Gloria, por su historia a flor de piel, su carácter que vive la Patagonia actual, pero especialmente la del pasado.
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