Jueves, 13 de Junio de 2024  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo rural…Viudus.

Crónicas de pueblo por Sergio Díaz Ramírez, Instagram @amanecerdelgallinero.

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Era un día cualquiera en esas calles patrimoniales de Putaendo, las de siglos sostenidas con las historias de sus parroquianos. Los rayos del sol apuntaban directamente a la ventana preferida de Viudus, la verdad es difícil su clasificación, al menos su amo, el destacado folclorista aconcagüino don Julio Quijanes, nunca lo logró. Podríamos estar en presencia de un infiltrado ser mitológico, venido de pretéritos tiempos con alguna extraña misión, mas su carácter ha sido la atracción del singular villorrio.

Dicen que recorrió los techos, en invisibles momentos, que ha observado el devenir del barrio con extrema paciencia, respetado y admirado por sin fin de congéneres. Esos genes conquistadores de angora y cariñosos del siamés, reflejan a Viudus, simulando el ir y venir en un mundo rural que supo acogerlo, aunque viniera de lejanas tierras. Su mente ágil de felino, la reflejaba en su mirada, que atravesaba el corazón de Quijanes, como puñalada al esternón. La bajada por la canaleta eran tan silente que parecía otra complicidad de su enigmática presencia.

Exactamente hace trece años, un encuentro fortuito de la gata angora de una parcela de agrado cercano a la casa de doña Norma, con un perdido siamés, dibujaron una familia felina en el techo de su casa. El origen desconocido de ambos padres, no dejaba de causar extrañeza en la familia Quijanes, especialmente cuando desaparece esa hermosa madre y deja una lechigada de cuatro cachorros desperdigados en el entretecho. La dedicación y acogida de estos nuevos integrantes del clan, sólo dejaron como fruto una cría, definitivamente un macho alfa que dominaba todos los recovecos, salvándose así de rapaces u otros males.

El ambiente semi rural de la calle Brasil, a la entrada de Putaendo, con grandes sitios y crianzas de ganado campero, componen una casa antigua, con mixturas de techo de zinc y tejas. Esas habitaciones frescas en verano que atraen para la siesta y abrigadas al calor de braseros y chimeneas en crudos inviernos, reflejan el hogar del profesor Julio, su madre Norma y la tía Julia. Sería difícil imaginar un mejor ambiente para la crianza y vida de Viudus, quien ha disfrutado de un idílico régimen de cariño, alimentación y diversión. Cómo no admirarse al observar su pose en la ventana, cuando los alumnos del colegio Cervantino se aglutinaban para fotografiarlo. Su postura confiada y desafiante no era bien vista por los canes vecinos.

Su llamativo y largo pelo, escondiendo sus agudos ojos azules, hacían que la tía Julia se desvelara, encontrando el origen de tan distinguida mezcla. La determinación ya era clara y aparecía en el horizonte una escasa raza denominada Sagrado de Birmania. De hecho, en la antigüedad, cuenta la leyenda que fueron venerados por los monjes budistas, entregados a los franceses, después de sangrientas guerras y mantenidos en la Europa central. Cruzas con persas e himalayas lograron acentuar y sostener la raza, en aspectos fenotípicos y carácter. Mitologías y leyendas hacían mantener la intriga de don Julio y familia.

Los acordes de guitarra del profesor cautivaban la atención del silencioso Viudus. Sus orejas estaban activas y el movimiento de la cola, no dejaba de llevar el ritmo. Realmente la forma musical del verso, en el folclor chileno, iba y venía con la melodía, acompañamiento y texto. Las hermanas Norma y Julia se apostan en una segunda fila, pues Viudus y su compañero Rucio ocupaban la platea. Así seguían sin desmayo los versos a lo humano, divino, chichería, chingana, autorizados, angelitos y ponderación. El folclorista no podría tener mejor auditorio, en esos particulares coloquios familiares de la calle Brasil.

Generalmente los gatos se aquerencian en este tipo de casonas, sin mucho esfuerzo de las personas, pero en este caso, lo especial de Viudus hizo que toda la familia se volcara, con un exacerbado sentido de pertenencia. Y no podía ser de otra manera, luego de siglos, se repetía la conducta de los monjes budistas, experimentando ese misterioso nervio ante la pérdida. Antes del año y medio ya era operado, de modo de impedir ingreso a otros territorios, conquistas a cualquier precio o eternas salidas nocturnas. Donde mis ojos te vean exclamaba Normita, desde su cómodo sofá.

El lunes 13 recién pasado, el profesor Julio madrugaba como todos los días, eran las 6 AM, y la rutina se iniciaba, con la apertura de la puerta para la salida de los gatos. La hora de los mates mostraba las costumbres campesinas, pero algo estaba cambiando de manera definitiva. El Rucio entraba y salía como comunicando un hecho, los maullidos desgarradores de Viudus, luchando con los dos pichos envidiosos del campo, eran el aviso tardío de la tragedia ya desatada. Una épica lucha de rescate del profesor, sólo daba el consuelo de un intento salvador …Viudus entraba a la pieza de doña Norma y se despedía, para continuar con la mitología en otras esferas.

Han pasado unos días y Rucio, lo busca sin consuelo, sus olores y pelos están en todas partes y las miradas de soslayo parecieran encontrar sus rutas diarias. El zinc del techo sigue resonando con su caminata, la lechigada de hace 13 años, como que gime nuevamente en el entretecho, un misterioso ambiente ronda en la casona. Su presencia no quiere desaparecer, el Sagrado de Birmania, el adorado de los monjes budistas y de los niños del Cervantino, buscará la forma de volver a los atávicos adobes de doña Julia y Normita.


 
 
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