Viernes, 19 de Agosto de 2022  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural… Secano de precordillera…

Crónicas de pueblo por Sergio Díaz Ramírez, Instagram @amanecerdelgallinero

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No solamente podemos ver camiones esta temporada en el sector El Sauce, en los pies de montes de los potreros de don José Zenteno. Ahora, al recorrer la ruta interior internacional, los equipos de tractor y arado no cesan sus trabajos en los suaves lomajes, preparando el terreno para las siembras de secano, ésas que no fallaban en los tiempos pasados. Las lluvias importantes de junio y especialmente julio, han realizado el cambio de paisaje y nuevamente los potreros de pastoreo directo serán observados en los próximos meses.

La porfía de don José, lo hace lidiar indefinidamente con la producción animal. Esos viejos corrales luchan contra el tiempo y volveremos a sentir los bramidos del atardecer, que nos recordarán gloriosos pasados ganaderos. Vacunos y caballares en pastoreo directo eran las postales de sus lomajes, algunos parrones y parqueaderos de camiones en lo últimos años han tratado de ser los protagonistas del sector, sin embargo, las lluvias y las siembras de agosto de praderas permanentes, mantendrán esa grata vista rural.

Desde la ruta se observa un huaso de a caballo, en un pingo colorado cariblanco, dos perros negros se entierran en el terreno arado y las rastras ya encaminan la llegada de las sembradoras. La verdad el tiempo ha retrocedido, al menos unos ochenta años, cuando los trigos de invierno despegaban en estos lomajes, o unos cultivos de garbanzos se guarecían de las heladas andinas. Unas trilladoras estacionarias se tragaban las gavillas, y los sacos de arpillera se cosían con ochenta kilos cada uno.

Los terrenos de la base de los cerros cultivables se han ido continuamente formando por cientos de años. Esas acumulaciones detríticas, producidas por las erosiones de rocas superiores, van formando un suelo capaz de absorber y retener humedad, de favorecer los cambios físico químicos necesarios para incorporar materia orgánica y albergar procesos capaces de sostener raíces y fertilizarlas. Su relieve en semi altura abriga los cultivos de las heladas bajas y sus exposiciones reciben el sol en plenitud.

Un par de algarrobos miran desde la cerca, aún con las ramas grises, producto de las sequías persistentes. Mas su actitud ya es diferente: delgadas ramas se yerguen alejándose del suelo y sus diminutos rizobíos radiculares preparan la fijación de los nutrimentos nitrogenados. Esos obtenidos desde el ambiente subterráneo, que prontamente se reflejará en hojuelas verdes y frutos castaños en vainas. Ya van formados en copa y algún vacuno se acercará para sestear, ramonear o sombrear.

En rastrajes del suelo podemos observar la interacción de todo el ecosistema, cuando los tiuques gritones con saltos regulares van cogiendo las larvas del húmedo suelo, cuando giran su cabeza y ponen oído a orugas en proceso del capullo. Al correr por algún cururo distraído o revolotear al confundir un chercán de cerca. Son decenas de pequeños rapaces en busca del banquete que se libera en esas funciones, gritos agudos irrumpen, junto a la bajada del sonido del viento cordillerano y se funden en armonías campestres.

Mientras los cerros ya comienzan a pintarse de verde y los espinos a hinchar yemas que van por sus flores amarillas y frutos de quirincas, las siembras mixtas de gramíneas y leguminosas esperarán un tiempo, por los soles de fines de agosto. Septiembre ya nos mirará de manera diferente y se agolparán las especies que, en noviembre, podrán ya soportar una carga animal, para orgullo y tranquilidad de don José. Así una vez más podrá recordar tranquilo los antiguos pasos de su amado viejo.

Los cultivos de secano se desarrollan sólo con las lluvias de otoño-invierno en climas mediterráneos. Los suelos arados de otoño, permiten acumular agua, para el desarrollo vegetal posterior, previa preparación y siembra. Generalmente las praderas son de talaje directo y su duración de unas cinco temporadas. La superficie de riego a nivel nacional sólo alcanza a alrededor de un diez por ciento, de manera que la mayor producción ganadera y forestal es de tipo extensiva y con algo de suplementación.

La lluvia no cesa y los equipos de arado esperan bajo un galpón. Cientos de camiones orillados en la ruta se aguantan para la salida. Quizás podríamos pensar que son un contaminante de la actividad agrícola, sin embargo, es la herencia de nuestro pueblo fronterizo, vinculado históricamente al trajín aduanero. A don José ya nada lo podría molestar, en su mente los corrales están llenos con los novillos de engorda, las vaquillas braman en las lomas empastadas y unos caballos no dejan de relinchar a sus anchas en el cordón del cerro.

 


 
 
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