La cifra es impactante, pero más lo silencioso del problema: según datos aportados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) la violencia afecta a una de cada seis personas mayores de sesenta años y se estima que sólo uno de cada veinticuatro casos llega a denunciarse.
Hablar de abuso en los mayores no es sólo hablar de violencia física y psicológica asociada a golpes, empujones, sujeciones inadecuadas, insultos, humillaciones, amenazas o aislamiento. El maltrato también incorpora el abuso sexual y financiero o patrimonial emitido mediante acciones como la apropiación indebida de bienes, pensiones o ahorros.
Por otra parte, el abandono y la falta de cuidados básicos como la alimentación, no dar medicamentos y no proveer de controles médicos en situaciones en las que la persona mayor no puede hacerlo por sí mismo, se consideran también abuso por negligencia.
Muchas veces, varias formas de maltrato ocurren al mismo tiempo, y en la mayoría de los casos el agresor es un familiar directo o alguien del círculo cercano.
Sabemos que el envejecimiento poblacional es una realidad mundial y se estima que para el 2050 las personas de sesenta años serán más de dos mil millones, y si las tasas de maltrato se mantienen como hasta hoy, el número de víctimas podría superar los 320 millones.
En Chile la realidad no es distinta. Según datos del Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA), entre marzo de 2022 y junio de 2024 se recibieron más de diez mil denuncias de maltrato. Lo peor es que esto es solo la punta del iceberg, dado que muchas veces las víctimas no denuncian por miedo, dependencia económica, afectiva, o simplemente por no saber a quién recurrir.
En ese contexto, es importante dar a conocer a la población las distintas instancias de protección disponibles en el país, tales como el Programa Buen Trato al Adulto Mayor, presente en varias comunas y el Fono Mayor 800 400 035, un canal gratuito de orientación y denuncia.
Recientemente, en junio de 2026, se publicó en el Diario Oficial la "Ley Integral de las Personas Mayores y de Promoción del Envejecimiento Digno, Activo y Saludable" la cual busca garantizar sus derechos, fomentar su autonomía y crear un nuevo procedimiento judicial para protegerlos contra el abandono social.
Es bueno tomarnos un momento para reflexionar y preguntarnos: ¿cómo me gustaría ser tratado al final de mi vida?,¿qué haría si mis seres queridos abusan de mi indefensión por vejez? Es un asunto sensible y hacerse cargo de esta realidad no es una opción, sino un deber familiar y social.
Como dijo Vicente Fernandez en su famosa canción" Viejo, mi querido viejo": "Yo soy tu sangre, mi viejo, Soy tu silencio y tu tiempo". Somos parte fundamental de nuestros mayores, nos necesitan y hoy el llamado es a valorar su experiencia, cuidar su fragilidad y respetar su humanidad, porque algún día nosotros también seremos ellos.
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