Luego de un acabado estudio de la documentación disponible, papers y literatura en general respecto del comportamiento de niños y adolescentes, su estado actual como estudiantes, los conflictos y el nivel de violencia experimentado en los establecimientos educacionales, he logrado identificar casi todas las respuestas, al menos las que responderían la mayoría de los casos, en un solo material educativo.
Me refiero a Pinocho, la marioneta de madera, en la película de Walt Disney de 1940, basada en la novela de Carlo Collodi, de 1883. Si ven nuevamente la película, notaran que no solo se trata de un niño de madera, que le crece la nariz cuando miente, sino que también hace hincapié en el trabajo sobre valores importantes, como ser “bueno, sincero y generoso”.
Pero lo más importante, a mi juicio, es que muestra las tentaciones que probablemente afectan a los niños hoy, como la necesidad de ser ovacionados, famosos y conseguir lo que quieren rápidamente. Pinocho ignora los consejos de su conciencia, pepe grillo, que lo impulsa a volver a la escuela, y decide buscar fama y fortuna en un espectáculo de marionetas, una especie de influencer de la época, lo que termina convirtiéndose en su prisión, ya que el dueño del show, lo encierra en una jaula y solo lo utiliza para ganar dinero a costa del iluso niño de madera, que ya comienza a sentirse un poco cabeza dura.
Luego, consolidándose como un chiquillo tonto y mal portado, es seducido para ir a la Isla de los Juegos, un lugar en el que serán libres, donde podrían hacer lo que quieran. Una vez en ahí, toman cerveza, fuman, juegan a romper cosas, etc, pero a medida que más se envuelven en la vorágine de los excesos, se van transformando en burros, les salen orejas y cola de asnos, para luego ser enviados a trabajos pesados y trabajar como burros
Si actualizamos la historia, hoy vemos a estudiantes seducidos por el bling bling de delincuentes, que los reclutan para hacer de ellos carne de cañón, en organizaciones criminales o la fama en redes sociales insaciables de contenidos. También vemos como se embrutecen en seudo protestas y manifestaciones, rayando y destruyendo todo, auto limitándose como personas, para que otros se beneficien electoralmente.
Esperemos que aquellos estudiantes que han decido tomar la molotov o el arma homicida, puedan recapacitar y no desvanecerse como animales en algún olvidado lugar, como los niños que se convirtieron en burros en la imperecedera enseñanza que nos deja Pinocho.
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