Casa Magnolio no es un nombre al azar del centro de desarrollo infanto-juvenil, ubicado en la gran casona roja de Tocornal 464, al costado de la ex disco El Silo, porque posee en su antejardín un añoso árbol de esa especie.
Camila Andrade Fonfach, fonoaudióloga y gerente del recinto, no olvida los cuidados que su abuela Gabriela Vargas Jara diera a este jardín y especialmente a los rosales y magnolios. Se aferra a ese recuerdo, a su historia, a las raíces carnosas y frágiles, crecimiento lento, hojas perennes verde brillantes, copa piramidal frondosa y flores grandes y perfumadas.
Conversa de esa niñez junto a su familia y abuela. Cuenta verdaderas leyendas y se inspira en esas vivencias para el trabajo con los niños neurodivergentes. Camila se ha especializado en mirar la edad temprana, la comunicación humana, la voz, el habla y lenguaje.
Ingresamos a los espacios de tratamiento, pero la verdad no pareciera ser un lugar especialista en temas de salud: es una gran casona del siglo XVIII, con toda la impronta de un andar tranquilo de campo, con gruesas paredes de adobe, que por cientos de años han dado abrigo, cobijo, alegrías y protección.
Veo pequeñas mesas en las cuales -según me explica- se estimula el lenguaje a través de juegos de categorías, con animales, frutas o colores. Me sorprende la raigambre a la tierra, al estar en conversaciones con otros actores de la comuna, para desarrollar el lado lúdico de la salud, con caninos de asistencia y palomas mensajeras, técnicas innovativas que serían un aporte increíble en la vida de los niños. De esa manera se produce un aprendizaje sin que el pequeño sienta que está en terapia.
El paso a una segunda sala nos muestra una especie de gimnasio. Allí es donde aparece el concepto de multidisciplinariedad y donde se efectúa una dedicada evaluación del niño, padres y entorno. Es el punto de partida para ese trabajo en equipo, pues una vez detectadas falencias que indican que el problema a tratar no se refiere exclusivamente a lenguaje, se analizan otras dificultades de atención, problemas sensoriales y baja autonomía. Ximena, Patricia y Belén, terapeutas educacionales, intervienen en el desarrollo de habilidades motoras, integración sensorial, autonomía, apoyo en el aprendizaje, habilidades sociales y otras. El jardín y el gran magnolio se convierten nuevamente en el entorno ideal para lograr la ruta de la autosuficiencia.
Camila no sólo se queda en su trabajo y nos describe su último fin de semana en una parcela de La Canabina, tierras altas andinas, leyendas de David Freifeld, donde sube para escuchar el silencio y desconectarse de la vida urbana, ya sea de su consulta en la capital o nuestra comuna.
Cuando la atención del niño va por el lado de factores emocionales, conductuales o cognitivos, se cuenta con tres terapeutas educacionales, dos fonoaudiólogas y Valentina como sicóloga, de manera de entender al niño bajo un prisma de integralidad.
Vamos y volvemos a la casona roja, la de corredores amplios y techos altos. Estudios arquitectónicos definen con una pregunta, lo siguiente, ¿Qué cambia con los techos altos? Camila, nacida y criada en la casona, lo sabe muy bien. Dicen que “la influencia viene de cómo el entorno físico afecta la percepción, el ánimo y procesos cognitivos”. Definitivamente esos espacios alcanzan de manera técnica: reducción de tensión mental; favorece un estado más relajado; ayuda en tareas creativas o exploratorias. Con esta mirada se queda Camila, desechando mitos pasados, donde cargaban la casona con esos relatos antiguos de velas y misterios.
Nuestra conversación termina en el gran corredor exterior, preguntándonos por el inicio de la fonoaudiología, puesto que, al menos en el país existe demasiada gente adulta que jamás fue diagnosticada. La historia nos habla de un desarrollo importante a mediados del siglo XX, mas para los inicios debemos ir a la impronta que dejaron los pueblos originarios. Estudios indican que esa relación ha sido profunda en aspectos del lenguaje, identidad, oralidad, escucha y formas culturales de comunicación. Los pueblos ancestrales dieron mucha importancia a la memoria oral, narradores, cantos y transmisiones de historias.
Definitivamente esa valoración de la voz y el lenguaje es una raíz muy cercana al trabajo actual de los fonoaudiólogos y las tenemos acá, en la gran casa de doña Gabi, gracias Liliana y Camila.
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