Una crónica diferente en el Atelier de Los Villares poniente en Los Andes, algo que escapa de lo rural, y se adentra en el mundo del estilo, tal cual lo lleva, explica y vive de manera inigualable Olga Covacevic. No encuentro un espacio sin diseño, los colores están uniendo mundos diferentes, chaquetas y huipiles nos van enseñando sus raíces, la imaginación va directamente a las urdiembres de ancestrales telares en lejanos lugares del mundo, recorridos por el alma inquieta de aquella jovencita que estudió Diseño Teatral en la Facultad de las Artes de la Representación de la Universidad de Chile, hace algunos años atrás.
No deja en el pasado su historia familiar y nos detenemos en el inmigrante croata, su bisabuelo que viniendo de la isla Hvar, a fines del 1800, se asienta en la Patagonia argentina para realizar cultivos forrajeros junto a la ganadería. A pesar del clima, las plagas de langostas y tucuras hicieron que José Covacevich Costa se trasladara a las tierras magallánicas en los difíciles tiempos de pacificaciones y fiebre aurífera. Un clima rudo, crisis sociales, colonizaciones y esfuerzo extremo lo afincaron creando una Bodega Comercial de insumos para la minería. Así sucedieron las generaciones que preceden a Olga, con su abuelo José Covacevich Cvitanic y su padre José Covacevic Ancic.
Cada prenda tiene su historia, un origen, una conversación, un telar, una cultura indígena de esas que gusta investigar Olga. Su presencia en el atelier es natural y nos hace experimentar sus telas con todos los sentidos, esos que ella sabe de memoria, intuición y formación. La seda no está ausente, ya imagino esos ciclos que el valle del Aconcagua experimentó en los años ´50, con el proyecto Corfo, cuando hiladores de seda de insectos alimentados con morera nos proponían una atávica industria. Pero ella me sorprende al hablarme de sedas silvestres, rústicas, con gusanos que giran juntos, originando un hilo fuerte y doble, lo que especialmente valora por su encanto orgánico en textiles.
Sus relatos imaginan una voz en off mientras sus manos explican texturas, creaciones que engarzan novedosas prendas, incluso utilizando jirones antiguos de telas. Sus pasos son de una artista que demuestra la herencia familiar, como su padre, distinguido arquitecto, quien perteneció al estudio creador de la Unctad III y del Congreso Nacional, sus hermanos arquitectos y diseñadores, imposible no destacar. Mas, lo dones no se quedan ahí, su tía Olga Poblete, educadora, historiadora, feminista y militante de la paz transmitió toda esa aura que trasciende el caminar, pensamientos y acciones de Olga.
La crisis económica de los años ´80, le hizo tomar caminos diferentes al diseño teatral, ese amado segundo plano, tras bambalinas que tanto había disfrutado estudiar. Dicen que la vida te da sorpresas y vaya que sí, en el caso de Olga, pues rápidamente se insertó en el entramado dirigencial de la conocida marca Esprit de Douglas Tompkins; un vuelo increíble lleno de desafíos, viajes y conocimientos cerca del recordado filántropo. Ya en esos tiempos se extasiaba con los mágicos procesos que se dan en las diferentes civilizaciones, que incluso los podemos encontrar en distintos continentes. Textiles de patrones similares, creados en culturas ancestrales en espacios temporales equivalentes o no, pero a distancias importantes, milagros del universo o “inteligencia universal”.
El año 2013 marcó la llegada de Olga a nuestra ciudad, junto al doctor Iván Arriagada, estableciéndose en Calle Larga. Con el diseño de su padre José Covacevic, ambos construyeron su hogar. Su atelier es el espacio de comunicación entre el cliente y la creadora, mas es tanta comodidad la que siente, que recuerda sus tardes de lluvia, con un café tostado en el momento por las manos de Luis Melendez, experto barista venezolano del vecino local llamado “Cafecito”. Recordó con tal cariño la experiencia, que no me quedó más remedio que volver a la noche siguiente y compartir un capuchino, con dos personajes andinos: Gonzalo Smith y Gabriel Oyarzun.
“Diseño chileno con textiles del mundo. Prendas únicas contemporáneas inspiradas en tradiciones ancestrales”. Así reza su propuesta de estilo, su manera de expresar ideas, pensamientos y emociones, que logra alentar a lo menos a sus treinta y dos mil seguidores. Con esta filosofía demuestra su pasión por entender los saberes arraigados, esas técnicas de diseño, tinción y urdiembre. Un día investigando el tema de los graneros, me encontré con una definición del concepto de la palabra “original” de Antony Gaudí, es lo que precisamente hace Olga Covacevic, “ir a los orígenes”.
En el caserón del Flaco Gale, Villares poniente, encontrarás a la inspiradora Olga Covacevic y su Atelier, llegando de algún país del mundo con historias para revivir, con textiles únicos e ideas originales, una guerrera creadora de contenido, totalmente inserta en nuestro querido pueblo.
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