Cristian Aravena es mi amigo. Todos saben sobre esta profunda relación. Esta vez, sin embargo, hablaré fría y rigurosamente del delegado presidencial de la provincia de Los Andes, del ejercicio del cargo que le tocó desempeñar durante estos cuatro años. Partamos por señalar precisamente aquello. Duró los cuatro años en su gestión. Con un comienzo difícil, a propósito de temas meteorológicos en la alta cordillera, provocado fundamentalmente por ineficiencias al otro lado de la cordillera, pero que alimentaron las ganas de aquellos que lo querían desbancar. Estoico resistió. Se sobrepuso a todas estas dificultades en terreno, en la nieve, bajo el frío cordillerano, con su característico sombrero y esa figura gruesa y grande que proyecta cercanía y espíritu bonachón. Frente al ataque a veces artero, muchas veces más de los cercanos que de los otros, se impuso su sonrisa de hombre bueno y sus pies en el barro. Así se fue ganando poco a poco el cariño de la gente. Era de los jefes que se caracterizan por ser los primeros en llegar y los últimos en irse, y fue también afianzando su compromiso en el trabajo y servicio público, mostrando su profunda vocación. Yo ya sabía de esto por aquellos años en que, junto a otros, construimos un gran proyecto en la comuna de Calle Larga que todos saben dio tanto que hablar. Pero ahora él lo demostró en toda la provincia. Como si fuera poco, también desempeñó su rol varias veces en la provincia de San Felipe. En una oportunidad le tocó desempeñar durante cinco meses el rol de delegado en ambas provincias, con temporales, accidentes, incendios de por medio, ausencias en su casa domingos y festivos. Se ganó el respeto en la provincia hermana también. Quizás esas características hicieron que el delegado regional le pidiera en muchas oportunidades que lo subrogara en su mandato. Por su compromiso, seriedad y capacidad de trabajo. Podemos decir que tuvimos un andino dirigiendo los destinos a nivel regional también, motivo siempre de orgullo, no solo para los andinos, sino también para los aconcaguinos en general. Siempre postergados y aislados de la capital regional. A pesar de su pertenencia política, de todos conocida y jamás ocultada, su tolerancia, ausencia de fanatismo, ponderación y prudencia, le hicieron acreedor del respeto de todos los sectores políticos. Su transversalidad y su capacidad de privilegiar el bien común frente a la diferencia ha sido reconocido y valorado por todas y todos sin excepción. Cercano, con su abrigo en invierno y sus dedos cruzados en las reuniones, era común verlo en centros de madres, juntas de vecinos clubes deportivos y sus regalones, los adultos mayores, quienes lo recibían con abrazos llenos de cariño y sonrisas invadidas de profunda complicidad y amistad. Sus cuecas, las mejores de todas la autoridades, daban cuenta de su pasado vinculado al folclor, y al término de todos sus discursos con una paya o una cuarteta como solía decir, dejaba de manifiesto un profundo amor por la labor que realizaba. Para mí ha sido muy especial y gratificante ver todos los gestos de cariño que ha recibido de parte de todas y todos, y en todas las comunas de la provincia, y también de la provincia de San Felipe cuando no existieron sábados, domingos ni festivos, y donde se ausentó de su hogar, que quienes lo conocemos, sabemos que es el templo de todas sus aspiraciones y sentimientos junto a su amada esposa y sus tres hijos. Querido por periodistas, bomberos, alcaldes, dirigentes, clubes deportivos, adultos mayores. Gestionó que detergentes y aceites que eran decomisados y que antes se botaban, ahora fueran entregados por primera vez a juntas de vecinos y clubes deportivos, organizaciones sociales. Se ganó el respeto, se ganó el cariño. Fue el delegado de todos. Deja una vara bien alta el delegado. Ojalá que quien lo suceda, tanto en Los Andes como en San Felipe, logre alcanzar esos valores tan urgentes en estos tiempos, tolerancia, amor por el trabajo público, eficiencia y sobre todo cercanía. Lamento no tener la habilidad para despedirlo con una paya como las que lo caracterizaron, y que junto a su sonrisa de hombre bueno, quedará para siempre en el recuerdo de los habitantes de esta bella tierra que amamos tanto.
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