Martes, 15 de Junio de 2021  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural… Improperios camperos para el “señor litre”

Crónicas de pueblo por Sergio Díaz Ramírez, Instagram @amanecerdelgallinero

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Las escuelas de campo, esas perdidas detrás de la loma desde hace 100 años, cautivan por la increíble garra del docente rural y también por las salidas imprevistas de los alumnos, tan diferentes a las características de los de la ciudad. Carlitos Santander, hace medio siglo cabalgaba desde los 5 años de edad hacia su querida escuela, ubicada en los cerros del secano costero de nuestra región.

La señorita Sumara, contratada por la hacienda, se paseaba en una gran sala donde atendía, sin problemas, a 18 estudiantes, en grupos que cursaban desde primero a sexto básico. Carlitos con dificultad había logrado ser promovido a segundo año y luego de un largo verano, se esperaba que hubiese alcanzado una mayor madurez. Sin embargo, sus salidas de protocolo, lo seguían dejando entre ceja y ceja.

Campero de nacimiento, no perdía oportunidad de convivir con su padre, el vaquero y cartero del fundo, el que con continuas carrasperas traspasaba sus conocimientos a Carlitos, quien cual esponjita, se nutría de los dichos y esencias costumbristas, que solía compartir a diario en recreos y no pocas veces en la misma sala.

Cinco eran los estudiantes de sexto básico, los que ya pisaban los 14 años y comentaban entusiastamente la salida a terreno, en el curso de ciencias naturales. Una visita al cerro el Peral, con un par de apoderados el día anterior, hacia muy entretenida esa mañana, donde captaban la atención de los diferentes cursos. Elías explicaba en detalle las ronchas adquiridas por no saludar al litre, el que con sus venenos urticantes lo dejó muy complicado.

La señorita Sumara asentía y explicaba que esa costumbre era vital, para no importunar al “señor litre”, de manera que no expeliera sus ácidos defensivos. Repetía que las resinas de ramas y hojas provocaban alergias severas, por lo tanto, no podían olvidar el saludo “buenos días señor litre”. La inocencia de Carlitos lo hizo nuevamente caer en salidas desubicadas. Yo nunca he tenido problemas con el litre, tampoco lo saludo, sólo le digo “por la puta madre, que estás seco litre amargao “, lo que provocó las risas contagiosas de los compañeros y el rebencazo de la profesora.

Al fin de semana siguiente, el niño acompañaba a su padre Orfelino a rodear un ganado al potrero El Rulo. Su sagaz vista le permitió encontrar un litre entre unos quillayes, espinos y molles. En ese instante le cuenta el reto de la profesora, por los garabatos que acostumbraban a realizar en los encuentros con los “litreados”, como los llamaba su padre. Menos mal que no les hablaste de los escupos y orinas que nosotros le hacemos, esbozando una carcajada.

En nuestra zona, el litre se desarrolla muy bien, asociado al bosque esclerófilo, en toda la precordillera. Son árboles de hojas gruesas que, en convivencia con varias especies, van colonizando continuamente los sectores desprovistos de árboles y sirven de cobijo a la avifauna y protección del suelo, evitando cárcavas y desertización. Sus hojas poseen vesículas resiníferas, que secretan una sustancia llamada urushiol, altamente urticante.

En la actualidad, en edad de jubilación, don Carlos Santander, recuerda esos momentos de estudiante en la Escuela Rural Carmela Mira. Con nostalgia, nos comenta que, desde hace ya un tiempo, se ha convertido en una bodega, pues los niños del campo tienen otras exigencias y desarrollan los estudios en ciudades vecinas.

Se esmera con su nieto José Manuel en traspasar los conocimientos de campesino, pues sus hijos irremediablente olvidaron el campo. Reflexiona con sentimiento que cuando niño no se hablaba de ecología. Sin embargo, ésta se vivía: se palpaban los árboles, las chacras, los animales y multiplicidad de aves cantaban de noche y día. Dice que podría nombrar 100 especies de aves diferentes sin dificultad.

Nuestro valle de Aconcagua aun esconde los milagros de la enseñanza rural, los profesores multifacéticos, la herencia ecológica de alumnos campesinos, el conocimiento familiar de la tierra y los animales, las caminatas detrás de la loma y los saludos respetuosos o improperios innatos al inadecuadamente conocido, “señor litre” …

 

 

 

 

 


 
 
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