En Chile, hablar de ciencia, tecnología e innovación en salud ya no puede limitarse a una conversación sobre el futuro: reflexionar sobre su impacto en nuestras vidas es una urgencia del presente. Mientras miles de personas esperan meses, e incluso años, para acceder a un diagnóstico oportuno —especialmente frente a patologías complejas como las enfermedades poco frecuentes o incluso el cáncer, uno de los principales nudos críticos del sistema sanitario—, el conocimiento científico debe dejar de ser una promesa y convertirse en una herramienta concreta al servicio de los pacientes.
La inteligencia artificial ofrece una oportunidad real para avanzar en esa dirección. Su capacidad para analizar grandes volúmenes de datos, identificar patrones invisibles al análisis humano y apoyar decisiones clínicas más rápidas y precisas puede marcar una diferencia significativa. En enfermedades como el cáncer de pulmón, donde la detección tardía sigue siendo un gran desafío, estas tecnologías permiten mejorar el seguimiento de hallazgos en exámenes de rutina y fortalecer el diagnóstico temprano sin reemplazar al médico: entrega información complementaria para decidir mejor, más rápido y con mayor precisión.
Pero la tecnología por sí sola no es suficiente. Para que la innovación tenga impacto real, debe integrarse al sistema de salud con colaboración público-privada, participación de la academia, la industria, los equipos médicos y los propios pacientes. Solo así la medicina de precisión y las nuevas herramientas digitales podrán contribuir a un sistema más sustentable, oportuno y centrado en las personas.
En el marco del mes en que se conmemora el Día Nacional de las Ciencias, la Tecnología, el Conocimiento y la Innovación, el llamado es claro: debemos garantizar mayor acceso a la innovación, es decir, que el desarrollo de la ciencia llegue a tiempo a quienes más la necesitan, debido al gran impacto que puede tener en la vida de las personas.
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