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La crisis animal de las comunas: Un problema de conducta humana, no de perros

Por: Mvz. Daniel Torrado Cabrales

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En los últimos años, los gobiernos locales en Chile y la región han realizado esfuerzos presupuestarios sin precedentes para abordar la fauna urbana y la convivencia responsable. Sin embargo, al recorrer nuestras comunas, la sensación generalizada en las direcciones de medio ambiente y en las juntas de vecinos sigue siendo la misma: la brecha persiste. Las jaurías en zonas periurbanas, los ataques por mordeduras, el abandono sistemático y los incipientes conflictos entre vecinos por la tenencia de mascotas continúan saturando los canales de atención municipal.

Durante décadas, la respuesta de la gestión pública se ha centrado en dos pilares tradicionales: la fiscalización punitiva mediante multas y las campañas masivas de esterilización y vacunación. Si bien ambas herramientas son técnicamente necesarias, operan sobre la consecuencia y la biología básica del problema, omitiendo el verdadero motor de la crisis: la conducta humana y la calidad del vínculo que establecemos con los animales.

Desde la perspectiva de la etología clínica y las neurociencias aplicadas, el comportamiento animal y la empatía humana no son variables aleatorias; están profundamente condicionados por entornos emocionales, aprendizajes sociales y respuestas neurobiológicas al estrés. Cuando un municipio aborda la tenencia de mascotas únicamente como un problema higiénico o de control de plagas, pierde la oportunidad de intervenir en la raíz del comportamiento social.

El Vínculo Humano-Animal, no es un concepto poético o asistencialista; es un indicador directo de salud pública y cohesión comunitaria. La evidencia científica demuestra de manera consistente que los entornos donde se fomenta una empatía temprana y un entendimiento del comportamiento animal registran menores índices de violencia intrafamiliar, mayor participación comunitaria y una reducción sustancial en los incidentes por mordeduras e irresponsabilidad tutorial. Por el contrario, la sanción pecuniaria aislada rara vez genera un cambio actitudinal sostenible a largo plazo; por el contrario, suele gatillar conductas de evasión o mayor abandono.

Es momento de que la gestión municipal evolucione hacia un modelo integrado basado en el enfoque de Una Sola Salud - Un solo Bienestar. Esto implica transicionar desde el simple "control de población" hacia el diagnóstico neuroconductual de la comunidad.

¿Qué significa esto en la práctica? Significa que los programas municipales deben incorporar estudios de línea de base que evalúen los niveles de empatía, percepción de riesgo y patrones de apego en la población objetivo antes de desplegar recursos públicos. Significa diseñar intervenciones pedagógicas estructuradas en establecimientos de educación básica, actividades educativas en juntas vecinales y otros, donde la neurociencia del aprendizaje y la gestión de la frustración se enseñen a través del respeto hacia los sintientes no humanos. Significa, asimismo, capacitar a los inspectores y equipos de seguridad ciudadana en comunicación no violenta y manejo de la conducta animal para prevenir escaladas de conflicto en el espacio público.

Los municipios que han comprendido esta transformación han dejado de gastar recursos de forma reactiva en la mitigación de crisis para empezar a invertir en la prevención del comportamiento irresponsable. Integrar la ciencia de la conducta y la neurobiología social en la formulación de proyectos locales no solo optimiza la ejecución presupuestaria, sino que devuelve la tranquilidad al espacio público.

La verdadera solución a la crisis de fauna urbana no llegará a través de una boleta de citación al juzgado de policía local ni completando un cupo de esterilizaciones quirúrgicas. Llegará cuando entendamos que transformar el vínculo entre las personas y los animales es, en última instancia, la forma más efectiva de transformar la convivencia de toda una comunidad.

Sobre el autor:

Daniel Torrado Cabrales es médico veterinario y zootecnista, magíster en Bienestar Animal y Etología Aplicada, y cursa estudios de magíster en Neurociencias. Tiene formación en etología clínica y es instructor canino profesional. Se desempeña en la Escuela de Adiestramiento Canino del Servicio Nacional de Aduanas de Chile.


 
 
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