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Ninis: más allá de la etiqueta de “jóvenes flojos”

Por Nicolás Núñez Fernández, académico de Psicología UNAB.

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Vivimos en la cultura de la productividad, el rendimiento y la inmediatez, valorando a las personas según cuánto son capaces de producir, según la importancia del trabajo que realizan, o según cuánto pueden rendir, sin rendirse.

Es en ese contexto, en donde salir del sistema educativo, y no entrar de inmediato al sistema laboral, es visto como una señal de pasividad, flojera, fracaso o incluso poca valía personal. “Aquí el que ni trabaja ni estudia, no sirve”,  una frase que más de alguno habrá escuchado, o incluso dicho, para resaltar la importancia que tiene para el humano moderno, participar de alguno de los 2 principales espacios en los que hoy las personas “producen y son personas”.

Es en ese contexto, en el cual empieza a surgir un nuevo concepto: “los Nini”, una palabra utilizada para etiquetar a las personas que “Ni trabajan, Ni estudian”. Se trata de jóvenes, usualmente de entre 15 y 29 años, que están fuera del sistema educativo y del mercado laboral formal.

En algunos países, alrededor del 17% de la población de 15 a 29 años se encuentra en esta situación. Esta inactividad prolongada, deja cicatrices duraderas en  el empleo, los ingresos, la salud física y mental de quienes la experimentan, con efectos que se intensifican cuando la inactividad de los “ninis” comienza a una temprana edad (16–24 años) y cuando se prolongan por mayores períodos de tiempo.

Pero ojo, no se trata de personas flojas o incapaces, aun cuando muchas veces sean percibidas así. Muchos “Nini”  presentan desmotivación, desesperanza aprendida, o ansiedad social, síntomas que dificultan la búsqueda activa de empleo, capacitación o estudios superiores. Esto a su vez puede reforzar en ellos, conductas de evitación, como no postular a empleos o programas formativos, y disminuir su autoeficacia (creencia en sus capacidades para enfrentar problemas), ambos factores de riesgo para los trastornos depresivos y ansiosos. La evidencia sugiere que el estigma de que son “flojos”, tiene impactos profundos en su salud mental, y en su salud laboral futura.

Por otro lado, la falta de estructura diaria que muchas veces experimentan, reduce las oportunidades para que puedan ejercitar funciones mentales, emocionales y sociales en un momento en que el cerebro aún las está afinando. Si bien el cerebro alcanza cerca del 90–95% de su tamaño adulto en la adolescencia, su maduración continúa hasta bien entrada la tercera década de vida.

Esta maduración requiere de un ambiente que estimule de forma suave pero persistente, las capacidades de auto regulación y con regulación emocional y conductual, que son herramientas base para asegurar la inserción profesional y una buena calidad de vida laboral.

El ambiente de un “nini” debe por tanto, entregar rutinas, metas pequeñas, acompañamiento, y facilitar la exploración con soporte, por ejemplo a través de espacios de práctica, voluntariados, micro-emprendimientos, u otros, que permitan ensayar roles adultos sin el peso de “todo o nada” asociado a las experiencias de fracaso.

Así es como se logra el “afinamiento cerebral”, cuando los padres y la sociedad en su conjunto ofrece un ambiente que estimula la exploración y el ensayo, el cerebro va logrando más control y equilibrio entre el impulso y su regulación, entre la exploración y la estabilidad.

Los "Ninis" no son jóvenes que eligen no hacer nada, son personas que experimentan bloqueos, a menudo sostenidos por la desesperanza aprendida, la fatiga emocional y la falta de anclajes sociales seguros para explorar y practicar capacidades sin la  angustiante presión del fracaso.

Comprender este fenómeno desde una perspectiva basada en la evidencia, implica desplazar el foco desde juicio moral hacia los procesos de regulación emocional y social que ocurren en esta etapa, y la urgencia de construir puentes que faciliten un tránsito saludable hacia la vida adulta. En una sociedad que ofrece diferentes posibilidades de ser y producir, se requiere de apoyos y ambientes estimulantes sensibles a las necesidades de cada uno, que garanticen que todos podamos ser parte.

 


 
 
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