La decisión de la Corte de Apelaciones de Valdivia hace algunos días sobre el gato Perseo, podría representar un paso significativo hacia una visión más contemporánea de las mascotas. El caso trasciende la situación particular y plantea una pregunta que la legislación chilena aún debe resolver: ¿es apropiado que las mascotas que sienten y son parte de una familia, sigan siendo consideradas cosas?
Actualmente, el Código Civil mantiene a los animales dentro de la categoría de bienes muebles, una clasificación cada vez más distante de la realidad de las familias multiespecie, que reconocen a sus mascotas como integrantes del núcleo familiar, seres con quienes establecen vínculos de afecto, cuidado y compañía. Es evidente que la manera de relacionarnos con los perros, gatos y otros ha cambiado y el Derecho debiera avanzar junto con esta transformación social.
Chile ya ha dado pasos mediante normas de protección animal y tenencia responsable. Sin embargo, persiste una contradicción: mientras existen deberes de cuidado y protección, el estatuto civil continúa situando a los animales dentro de una categoría patrimonial. Las iniciativas destinadas a modificar esta condición jurídica no han avanzado suficientemente, por lo que este fallo adquiere especial relevancia.
El fallo de Valdivia resulta especialmente importante porque, al rechazar la tenencia compartida de Perseo, incorpora su bienestar como elemento central de la decisión. Considerando las características propias de los felinos y su territorialidad, el tribunal estimó que trasladarlo periódicamente entre hogares podía afectarlo negativamente, ya que le generaría mayor estrés del aceptable. Así, la discusión deja de centrarse exclusivamente en quién es el "dueño" y comienza a preguntarse qué alternativa protege mejor al animal. Hacer este ejercicio supone un cariño incondicional hacia esa mascota, que requiere dejar en un segundo plano los sentimientos y conflictos que puedan existir entre las personas involucradas, comprendiendo que la figura central es la mascota, su bienestar y no los intereses de sus tutores.
Este enfoque es relevante para las familias multiespecie, frente a separaciones familiares, ya que la respuesta jurídica no debiera limitarse a criterios diseñados para bienes materiales, porque un animal puede experimentar estrés y alteraciones frente a cambios en su ambiente y rutinas. Incorporar su bienestar permite reconocer que existe un interés que debe ser considerado más allá de las pretensiones de las personas involucradas.
Reconocer a los animales como seres sintientes no significa humanizarlos. Significa actualizar nuestra legislación conforme al conocimiento científico y a una transformación social evidente: para muchas familias chilenas, las mascotas hace tiempo dejaron de ser cosas.
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