Lunes, 27 de Abril de 2026  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Cuatro estaciones de Gabriela Mistral

En cada mes del libro o conmemoración en su nombre, surgen conversatorios que revelan el verdadero sentido y legado su extenso trabajo.

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Por JEANETHE SUAREZ CORTEZ, escritora

Por JEANETHE SUAREZ CORTEZ, escritora

 
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LOS ANDES (27/04/2026).- En cada mes del libro o conmemoración en su nombre, surgen conversatorios que revelan el verdadero sentido y legado del extenso trabajo de Gabriela Mistral, donde hemos aprendido a conocerla con mas profundidad,  valorando el sello realista y transversal que corona su obra; la auto referencia y la crítica social, pues recitar -“Piececitos de niño, azulosos de frío, ¿cómo os ven y no os cubren, Dios mío?-  sigue representando, tal como ayer, la indiferencia social que persiste en el mundo.    

Los siguientes relatos, corresponden a personas que tuvieron el privilegio de verla en 1954, en diferentes lugares (Estaciones de tren), durante su último viaje a nuestro país.  Son experiencias que impactaron profundamente a cuatro niños, cuyos relatos coinciden en describir a una mujer amable y sencilla, que sembró en ellos la inspiración que los mantiene ligados al arte literario hoy en día.   

  CESARINA VIVANCO GALLARDO (81)

Profesora normalista, especializada en artes plásticas y educación física, tejedora y poeta, oriunda de San Esteban.    Conoce a Gabriela Mistral en 1954, durante su paso por la estación de Llay-Llay.  Siendo una pequeña de 9 años, destacaba ya en su escuela del sector Coquimbito de Los Andes, por ser una gran declamadora de poesía, lo que la llevó a preparar con mucha ilusión un emotivo “saludo poético” a Mistral, iban a ser los versos mejor recitados, pero había más postulantes; todos con el mismo anhelo de participar en el histórico momento.  Finalmente el cupo para recitar fue ganado por otra alumna, y  Cesarina en cambio, fue encomendada para entregar un arreglo floral a Gabriela, honor que le significó estrechar su mano y recibir de ella el más tierno de los gestos –que secara sus lágrimas y le diera un beso en la mejilla–  representando el instante más importante en su corta vida, la diminuta fracción de tiempo que marcó profundamente su existencia de niña, mujer, profesional, educadora y madre. 

“Gracias doy a Dios por ser profesora normalista, a él toda honra y gloria  –Ella  tenía un rostro dulce, sus rasgos eran muy distintos a como la han retratado en fotos y esculturas, donde la muestran como una persona tosca y seria, lejana incluso–  Por el contrario, se dio el tiempo de secar mis lágrimas y darme tranquilidad entre tanta emoción”

Tiempo después y con ocasión de haber ganado un concurso literario, Cesarina tuvo la oportunidad de conocer el valle de Elqui, visitar la casa museo y la tumba de Gabriela, evocando ese lejano pero hermoso momento, que sin duda fue impulso e inspiración para crear sus propios poemarios, en los que plasma vivencias y sabiduría.

 

JOSE DIAZ JARA  (78)

Sub-Oficial de Ejercito (R), especializado en Andinismo y rescate de montaña, y por estos días, un escritor de tiempo completo.

Este es el relato del niño José Díaz Jara, que vio a Gabriela Mistral en su natal ciudad de Victoria, en 1954, escala desconocida o tal vez no oficial del itinerario diseñado por el gobierno del presidente Carlos Ibañez del Campo, para homenajear a una de las mujeres chilenas más importantes, a casi 10 años de recibido su Premio Nobel de Literatura.

“Yo tenía 7 años cuando ella visitó el sur de Chile, nos llevaron de la escuela para recibir a Gabriela Mistral.  Todos los niños tomados de la mano a ambos lados de la calle, ahí la vimos pasar con mucha claridad.  Ella encabezaba la comitiva, se veía muy alta y muy cariñosa con  los niños, ya que se detenía para acariciarlos”.

Para José Díaz fue una experiencia maravillosa, que significó la conexión que hoy le une al mundo literario, una breve experiencia que se quedó grabada en su corazón y en su mente, tomando especial relevancia ahora que también se ha convertido en talentoso escritor, novelista y narrador de historias que unen el mundo castrense y civil.

GABRIELA COVARRUBIAS OPAZO (79)

Profesora de idiomas, bibliotecóloga, conoce a la poetisa en 1954.   Era su primer año en la Escuela República del Ecuador de Viña del Mar;  ella y sus compañeros fueron preparados con algún tiempo de anticipación para ser parte de la bienvenida a una figura ilustre que pasaría por la ciudad.  Se trataba nada más y nada menos que de Gabriela Mistral; la escritora chilena, ganadora del premio Nobel de Literatura;  un personaje nuevo en su joven cabeza, y del que sabía muy poco.  Como mención aparte, y matizando la expectación de tal  acontecimiento, Ferrocarriles del Estado inauguraba también su servicio 1era Clase del mítico “dragón rojo”, pieza incorporada recientemente a la dotación de trenes de la empresa estatal.  Ahí precisamente venía la comitiva.

En breves segundos –Gabriela conoció a Gabriela–  la pequeña de 7 años atesoró en su mente cada detalle de un fugaz avistamiento.  “Me impactó profundamente lo sobresaliente de su figura, la distinción que tenía respecto de quienes la rodeaban. Con grandes ojos verde almendrado, piel morena, de rostro amable y muy alta; rasgos que nunca había visto en otra persona.  Como niña, no entendía mucho de protocolos y tampoco dimensionaba la importancia de esa experiencia en mi vida; sin embargo tuve el privilegio de estar ahí para ver en fracciones de segundos, la figura de una mujer de tipo austero, pero de aspecto muy particular”.

Evento que años más tarde le hizo reflexionar acerca del propósito que tienen algunas personas en este mundo, los llamados seres únicos o especiales, esos que representan equilibrio, paz y conexión ancestral; Avatares tratando de generar un cambio. Pero que generalmente no son reconocidos en su real trascendencia, pues llegaron a una época o momento social equivocado.

ANIBAL LOPEZ SAAVEDRA  (83)

Profesional de la Administración, egresado del ICLA; Profesor del mismo establecimiento por más de 30 años; y reconocido Declamador del Aconcagua.  Conoció a la “Maestra de Maestras” como él dice, en 1954, siendo un niño de 10 años que cursaba 5to Preparatoria en la escuela N.21 del sector Coquimbito en Los Andes.

En extracto de sus relatos previamente publicados, Aníbal recuerda  “Un día, dice nuestra maestra: “Niños, copien la comunicación que está en el pizarrón y la traen firmada por su apoderado mañana. Además, vengan limpiecitos, arregladitos y traigan un pañuelo blanco, porque iremos a ver a Gabriela Mistral, procedente de Mendoza, viene en tren y se detendrá en la Estación de FF.CC.   En efecto, el 9 de septiembre de 1954, los andenes de la otrora Estación de FF.CC. del Estado, bullía del alboroto de cientos de estudiantes y profesores de las diversas escuelas de la ciudad. Entre el gentío estaba yo.   De pronto, aumentó la algarabía, junto a la exclamación colectiva: ¡Allá viene, allá viene! Y aparece el ferrocarril acercándose a poca velocidad. Afortunadamente, yo quedé ubicado cerca de las autoridades convocadas. Por la ventana de aquellos característicos carros, ella asomaba medio cuerpo, vestida con un traje gris, su pelo peinado hacia atrás, batiendo en saludo su mano y una sonrisa que quedó grabada en mi memoria. Cientos de pañuelos blancos completaban aquella hermosa postal.  El vagón se detuvo y ella bajó para saludar a las autoridades. Luego, al volver al tren, pasó haciendo cariños a los chicos estudiantes. Yo estaba allí, a su pasada, y aún revivo la emoción que sentí cuando posó su mano sobre mi cabeza.  Luego, el tren se fue alejando lentamente. Me quedé extasiado, contemplando el mar de pañuelos blancos que decían adiós a doña Lucila Godoy Alcayaga, nuestra querida Gabriela Mistral, una chilena que jamás debemos de olvidar”.

Desde luego que la experiencia vivida, fue tomando relevancia con el paso del tiempo, transformándose en un episodio importante e inolvidable en su vida.


 
 
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