Este 11 de abril, Día Internacional de la Enfermedad de Parkinson, es clave detenernos a reflexionar más allá de los estigmas. En la consulta médica, uno de los mayores desafíos sigue siendo desmitificar el diagnóstico: el Parkinson no es una condición invariablemente mortal ni sinónimo de una vida sin autonomía. Aunque hoy no tiene cura, sí existen tratamientos eficaces que permiten mejorar significativamente la calidad y expectativa de vida, y una intensa investigación científica a nivel mundial que abre espacios reales de esperanza.
Más de 10 millones de personas viven con Parkinson en el mundo y en Chile la cifra supera las 30 mil. No es una casualidad: se trata de una enfermedad estrechamente asociada al envejecimiento. El reciente Censo 2024 lo confirma con claridad: el 14% de la población chilena tiene hoy 65 años o más, más del doble que hace tres décadas. Cada punto porcentual de envejecimiento no es neutro; implica una mayor carga de enfermedades neurodegenerativas como esta, que aumenta su prevalencia especialmente desde los 60 años y con mayor fuerza en edades avanzadas.
Frente a este escenario, el abordaje del Parkinson debe ser riguroso y, al mismo tiempo, profundamente humano. La evidencia científica muestra que no basta con una pastilla: el bienestar del paciente requiere un enfoque integral e interdisciplinario, acompañado de sinceridad, empatía y apoyo continuo a lo largo de una enfermedad de largo aliento.
Concientizar hoy no es solo informar: es prepararnos como país para una realidad que ya está entre nosotros y que exige respuestas en salud pública, cuidados y dignidad.
|