Hace unos días, en uno de nuestros encuentros, alguien comentó: “Ahora todo va muy rápido”. Otro agregó: “Uno está recién entendiendo una noticia y ya están hablando de otra… a veces cuesta seguir las conversaciones con los nietos”. La mesa quedó en silencio.
Vivimos en una sociedad que avanza en velocidad 2x. Las conversaciones se interrumpen, las respuestas llegan antes de que la frase termine y el silencio parece incómodo.
En ese ritmo, muchas personas mayores comienzan a quedar al margen. No por falta de capacidades, sino porque el entorno dejó de adaptarse a sus tiempos.
Más que aprender a seguir el ritmo de un mundo que corre, quizás el verdadero desafío sea otro: construir una sociedad que también sepa detenerse, escuchar y dar espacio a todos.
Pequeños cambios pueden marcar una diferencia: darnos el tiempo para conversar sin apuro, adaptar la forma en que comunicamos información y promover entornos más inclusivos en lo cotidiano. Avanzar no debería significar dejar a algunos atrás.
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