Sabado, 7 de Marzo de 2026  
 
 

 
 
 
Opinión

Feminismo y desarrollo: más allá del 8M

Por Dra. Pamela Álvarez Marambio – Directora Departamento de Ciencias de la Ingeniería UNAB

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Cada año, en torno a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el debate sobre el feminismo ocupa diversos espacios en la agenda pública. Se publican cifras, se comparten diagnósticos, se recuerdan avances y desafíos pendientes.

Pero partamos definiendo el término feminismo. En el último tiempo, se ha recurrido en diversas instancias a revisar el significado de las palabras por la Real Academia Española (RAE), así que, aprovechando esta moda, ¿qué dice la RAE sobre el feminismo?

La RAE define actualmente en el Diccionario de la lengua española al feminismo como el principio de igualdad de derechos entre mujeres y hombres; y como el movimiento que busca hacer efectiva esa igualdad en la sociedad.

Entonces, entendiendo que nos involucra a todas y todos, ¿por qué no ocupa la agenda con la misma intensidad todo el tiempo? Al parecer, en un contexto nacional e internacional marcado por múltiples urgencias, esta discusión pasa a un segundo o tercer plano el resto del tiempo, y por lo tanto se aprovecha la fecha conmemorativa para volver a darle énfasis. Sin embargo, mantenerla presente más allá del 8M es clave para comprender que es un factor relevante para el desarrollo de nuestra sociedad.

Cuando se habla de brechas de género, el debate suele centrarse en la equidad, los derechos o la justicia social. Pero hay otra dimensión, igual de relevante, que frecuentemente queda en segundo plano: la desigualdad de género tiene un costo económico significativo para los países.

Diversos organismos internacionales han advertido que limitar la participación económica de las mujeres significa desaprovechar talento, reducir la productividad y, por lo tanto, limitar el crecimiento. El McKinsey Global Institute, el año 2015, ya estimó que avanzar hacia una mayor igualdad de género podría añadir hasta 12 billones de dólares al PIB global proyectado al 2025.

Aunque no se ha publicado una actualización de ese estudio, organismos como el Banco Mundial y el World Economic Forum (WEF) continúan indicando que las brechas económicas de género siguen representando un freno estructural al crecimiento. En otras palabras, parte importante del potencial económico mundial sigue estando subutilizado.

Hay varias razones que explican esta subutilización del recurso, una de las principales es la desigual distribución del trabajo de cuidados. A nivel global, las mujeres realizan más del 75% del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Cuando este trabajo se valoriza económicamente, puede representar entre un 9% y un 15% del PIB en muchos países.

La evidencia regional refuerza este diagnóstico. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha mostrado de manera consistente que cerrar brechas de participación laboral femenina no solo fortalece la autonomía económica de las mujeres, sino que también contribuye al crecimiento y la productividad de América Latina, una región que enfrenta importantes desafíos en materia de desarrollo.

Cuando este análisis se traslada al ámbito del conocimiento, la innovación y la ciencia, el costo de las brechas se vuelve aún más evidente. La subrepresentación de mujeres en áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) limita la capacidad de los países para innovar, desarrollar nuevas tecnologías y responder a los desafíos actuales y futuros.

A nivel global, las mujeres representan solo alrededor del 33% de las personas dedicadas a investigación científica, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), y apenas cerca del 17% de los inventores en solicitudes internacionales de patentes, de acuerdo con la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI).

Chile no es ajeno a esta realidad. Aunque las mujeres representan más de la mitad de la matrícula universitaria, solo una de cada cinco opta por carreras STEM. Además, solo alrededor de un tercio de quienes realizan investigación en el país son mujeres.

En una economía que cada vez se basa en el conocimiento, estas cifras no solo reflejan una brecha de género: revelan también una oportunidad perdida para el desarrollo. Promover más mujeres en ciencia y tecnología no es solo una política de equidad. Es, también, una decisión estratégica para fortalecer la innovación, ampliar el talento disponible y construir economías más dinámicas y competitivas.

Entonces, ¿qué tal si mantenemos el tema del feminismo activo más allá del 8M?


 
 
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