Jueves, 16 de Abril de 2026  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural… Ritos de la noche vieja …

Crónicas de Pueblo de Sergio Díaz Ramírez.

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Una de las noches más importantes es la numero 365, la víspera de Año Nuevo, y es ahí donde las tradiciones, ritos y costumbres de años se llevan a cabo. Si bien son diferentes a lo largo de nuestra estrecha geografía, en común están los bebestibles que los frutos de la tierra brindan con sus gotas de ánimo para la despedida e inicio de nuevas rutas. Ya sea con pintatani o cocoroco en el norte, mistelas y ponche en el centro o sidras de manzana en el sur, las copas de los parabienes chocan en múltiples sonidos de alegrías.

Casimira Yampara, vecina de la localidad de Codpa en el extremo norte dirige, como la mejor alguacil, la construcción del mono gigante de madera y trapos que será exhibido en la restaurada sede del lugar. Estudiantes y vecinos han pintado un año más esos muros de adobe que levantaron sus ancestros, esos resquebrajados por los rayos del sol, carcomidos por los vientos y arena o rayados por un corazón del amor adoscelente.

Codpa baja en quebrada junto a un inagotable riachuelo, en cuyas laderas se cultivan todo tipo de frutos y hortalizas en fértiles terrazas. Diferentes familias andinas, trabajan y viven en comunidad, en múltiples y pequeñísimas localidades, cada una con su respectivo nombre. Desde Cerro Blanco hasta Cachicoca se descuelgan junto a sus frutos y ganado (llamas, alpacas, ovejas y burros). Silentes guanacos y exclusivas vicuñas saludan desde las cumbres aledañas a los profetas de la tierra y bajan a beber las vitalizantes aguas, cuando se han perdido de sus bofedales.

Durante diciembre se ha construido el mono del año viejo que representa lo malo del año que termina. Esta costumbre llego desde Guayaquil, donde a su vez fue introducida por los españoles, procedente de las “Fallas de Valencia”.

La quema de monos es un rito de purificación, quemando lo malo y así recibir con esperanza el año que comienza. Se debe realizar a instantes de la medianoche, pues si se apaga o derrumba antes de las 12, es signo de mala suerte para el año venidero.

En los campos andinos, si nos remontamos a 50 o 100 años, las costumbres de la noche vieja derivaban exclusivamente de la colonia, donde los conquistadores dejaron su impronta de orígenes y religión. Una buena tenida, una gallina cebada al horno, pan de huevo y amasado con buenos ponches de culén y mistelas, abrazaban una noche especial, familiar y llena de buenos saludos en casa y de vecinos, con la frase “que se le cumplan todos sus deseos “.

El desarrollo de los pueblos, las comunicaciones, la globalización, especialmente de los últimos 30 años nos ha llevado a una celebración menos intima, más vacía, llena de parafernalia y bastante juvenil. Los fuegos de artificio, son el mejor ejemplo, de que deseamos exteriorizar más ruido que gozo, más luces que retrospección, más externalidades que propósitos.

Desde USA los pavos hormonales, uvas, lentejas y maletas de Europa, cenas carísimas y noches en vela, describen la actualidad. La sencillez ha quedado de lado, especialmente en las grandes ciudades, porque pueblos y campos siguen aun con su costumbrismo.

Importante es destacar que el orgulloso pueblo mapuche celebra su noche vieja el 21 de junio y, como en sus orígenes, realiza la festividad del We Tripantu, que es una nueva salida del sol y la luna, su momento más sagrado del año.

Se dice que todos estos ritos culturales, ya sean de origen o incorporados van en definitiva detrás de algo material. Esperemos que la noche vieja que estamos despidiendo, sea completamente incinerada en el mono de la Casimira Yampara y que desde esas cenizas tengamos otra oportunidad de reflexión y cambio… Feliz Año 2021.

 


 
 
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