Miercoles, 11 de Diciembre de 2019  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural- Doctores de cabecera de tiempos idos

El Ing. Agrónomo Eco granja Parque Cordillera Sergio Díaz nos retrotrae al recuerdo de aquellos galenos que eran casi de la familia.

 

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Principios de los 60 y a paso cansino, pero multiplicándose en las atenciones familiares el querido doctor Emiliano Pérez, va y viene en su natal Putaendo, catalogado como un especialista de llegada fácil, muy preparado, capaz de abarcar el 90 % de las patologías de la población a nivel ambulatorio y si el caso lo ameritaba, derivar a otros especialistas.

Sus fichas estampadas en un cuaderno interminable involucraban a toda la familia, sin descuidar abuelos ni nietos, quizás sus caligrafías indescifrables se asemejaban al transversal recetario y diagnósticos, por todos conocidos.

Fines de los 80 y su hijo menor, el destacado alumno de un liceo de San Felipe, seguía los pasos del doctor Pérez y se instalaba en el antiguo hospital público. Misma estampa, diferente carácter y formación. Doña Euristela, vecina de Rinconada de Silva, se internaba grave, por un cáncer estomacal. Diagnóstico certero, familiares presurosos concurrían al hospital, desgraciadamente ya había pasado la hora en que el profesional, Rodrigo Pérez, podía dar detalles y conversar con ellos. Nada que hacer, hasta el otro día, siempre y cuando ninguna urgencia lo convocara.

La misma casona en Putaendo durante largos años y sus hijos crecían entre los árboles y cazuelas de castellanas pechugonas de buches poderosos, alimentadas con trigo de faldeos de cerro, pues esas eran continuas atenciones de los campesinos que el doc. recibía por su asertividad y humanidad. Huevos de yema colorada y azules de cáscara, no faltaban en la dieta, manjar blanco, leche fresca y corderos para las fiestas...

Parecería una rebuscada película, sin embargo, la tradición es más fuerte de lo que se cree, y Dominga Pérez Weber, la nieta del doctor Emiliano Pérez, estudiante sobresaliente del Colegio Alemán, se recibía con distinciones de cardióloga y se instalaba luego de su posgrado en una elegante clínica de la capital, hace apenas un año. Uno de sus primeros diagnósticos, dejaba perplejos e interrogantes a los familiares del paciente, “endocarditis bacteriana subaguda por estafilococos aureus meticilino resistente “

La llegada del doctor Emiliano Pérez, en su Buick del 40, humeaba y estornudaba en el patio de don Osvaldo. El galeno se apersonaba a las 7 am, pues el nieto Aliro, saltaba en fiebre, desde el amanecer. El delantal blanco almidonado inquietaba al pequeño, quien además lloraba al ver la maestría con que rompía la ampolla extraída del inconfundible maletín de cuero café raído, donde portaba toda una botica, y del cual sacaba la gigantesca jeringa de vidrio y acero...

En los 90 el doctor Rodrigo Pérez, el hijo, trasladaba a su familia a un hermoso condominio en las afueras de San Felipe, financiado en comunidad por un grupo de colegas. Con requerimientos económicos superiores, el trabajo hospitalario debió complementarse con la consulta privada, 6 consultas por día y el estándar podía ser sustentable. La exigencia del sector público, de tantos pacientes por hora, atentaban con una atención personalizada y amable.

La sapiencia y dedicación por el paciente le permitía al extinto doctor de cabecera acertar en los diagnósticos generales, independiente que a las enfermedades idiosincráticas (de origen desconocido) no les eran asignadas causas genéticas, metabólicas o infecciosas, se las dejaba sin causa específica, al carecer de una tecnología muy eficiente para realizar los exámenes...

La sobrina de un ministro asiste a la clínica Germánica, donde trabaja Dominga, quien la evalúa y sin despegar la mirada del computador, solicita 7 exámenes para posteriormente enviar vía e-mail lo siguiente: “padecimiento de Aspergillosis angioinvasiva multisistemica, debido a Aspergillus fumigatus “

Decanos del rubro declaran que sin duda los diagnósticos de los médicos hoy en día son mucho más certeros, que el conocimiento de las causas y la ciencia son extremadamente superiores, que la tecnología es indesmentible y que día a día todo esto avanza, sin embargo, también reconocen que la deshumanización de la medicina, en una sociedad individualista, ha atentado contra la relación de afecto médico-paciente.

Los parientes de doña Auristela en el antiguo Hospital de San Felipe y los diagnósticos vía e-mail de Dominga, sin duda, ponderan al médico de cabecera y los lúdicos intercambios antiguos con castellanas de buche poderoso. El justo equilibrio entre ciencia y humanidad es lo que sana almas, lo que apacigua familias, lo que se añora de antaño y del querido e inolvidable doctor de cabecera... Emiliano Pérez...

 


 
 
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