Miercoles, 22 de Noviembre de 2017  
 
 

 
 
 
Opinión

Innovación: Transformación permanente

Por Daniela Rivas, Investigadora en Nuevas Tecnologías en el Turismo, CITYP. 

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Una palabra que ha estado en boga durante esta última década es “innovación”. Pero, ¿qué es realmente innovar?, ¿Es necesario hacerlo?, ¿Cómo podemos innovar?  Estas son algunas de las preguntas que, tanto los empresarios como las personas comunes y corrientes, se han hecho desde hace varios años. Innovar parece ser la respuesta para todas las cosas, algo que nos traerá múltiples beneficios, algo que cambiará nuestros negocios por completo. Sin embargo, innovar es mucho más que “tecnologizar” las cosas, es mucho más que modificar la forma en que hacemos las cosas. Requiere de un proceso y, por supuesto, de un cambio de mentalidad. Si hacemos una rápida búsqueda en la web, nos encontramos que el término “innovación” se relaciona con el cambio. Cambio, que, según la RAE, implica la acción de cambiar, de moverse, de tomar algo y transformarlo en algo mejor, y es ahí donde radica toda su esencia.

El concepto de innovación ha sido definido por diversos autores, y en múltiples ocasiones ha estado más ligado al desarrollo económico y a la competitividad, debido a que es un elemento diferencial dentro de las industrias. Schumpeter (1934), economista austriaco que fue el primero en destacar la importancia de los fenómenos tecnológicos dentro del crecimiento económico, aseguraba que a innovación abarca la introducción en el mercado de un nuevo bien, nuevos métodos de producción, la apertura de nuevos mercados a un país, nuevas fuentes de suministro de materias primas, y la implantación de una nueva estructura de mercado. Todos estos conceptos, que actualmente son utilizados dentro de su conceptualización, dejan entrever que la innovación es una de las principales fuentes de crecimiento de economías dinámicas, aumentando su carácter competitivo, al introducir una alteración en su desarrollo. Con el paso del tiempo, la imperativa necesidad de que el cambio fuera siempre algo “nuevo”, ha ido variando.

Entre otros autores, destacan Nelson y Winter, que tratan la definición de innovación como “un cambio que requiere un considerable grado de imaginación y constituye una rotura relativamente profunda con la forma establecida de hacer las cosas y con ello crea fundamentalmente nuevas capacidades.” Esta tesis toma más importancia si pensamos que innovar no requiere necesariamente de la incorporación de productos, sino que también pueden ser cambios a nivel social o a nivel de procesos. La Unión Europea dentro de sus variadas iniciativas en pro de la innovación incorpora conceptos como la innovación social, la innovación en el sector público, el design thinking, entre otras. Estas son concepciones consideradas en la Estrategia Regional de Innovación que el Gobierno Regional de Valparaíso ha considerado en sus bases incorporando la innovación como una nueva manera de abordar los riesgos y limitantes y potenciar las fortalezas y oportunidades buscando soluciones fuera de los modelos tradicionales (Eri, 2015). Con claros ejes estratégicos el objetivo de esta estrategia es el de “construir una región reconocida por la gestión innovadora de sus recursos estratégicos para la competitividad económica y el desarrollo sostenible de sus territorios”.

El acercar las nuevas tecnologías a la innovación ha traído la errónea concepción de que la innovación va siempre de la mano con la tecnología. Si bien esta le entrega muchas de las herramientas que facilitan su desarrollo, la innovación no tiene por qué siempre ser tecnológica, si no implica necesariamente elementos de ciencia y tecnología.

Si bien todos estos conceptos describen algo macro, la innovación también se presenta a nivel de desarrollo en nuestra comunidad, en nuestros emprendedores, o inclusive en nuestros propios hogares. Las personas innovan por necesidad. Ya sea un empresario, un emprendedor, un visionario o una gran empresa, los cambios se producen por la necesidad de hacer algo nuevo, de cambiar la forma de hacer las cosas, o de probar algo diferente. Todo se reduce al cambio.  Muchas veces es el miedo a correr un riesgo y el miedo al fracaso lo que nos impide optar por lo nuevo o lo desconocido, realizar algo que no sabemos cuál va a ser su resultado, por lo tanto, no se puede controlar.

En la innovación ese error o fracaso, es un camino de aprendizaje, uno que es necesario recorrer. Como Michael Gerber dijo, “un emprendedor ve oportunidades allá donde otros solo ven problemas”.

 

 


 
 
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