A veces, una conversación que se repite, un televisor que comienza a sonar más fuerte o la necesidad de mirar de frente a quien habla parecen detalles menores. Sin embargo, también pueden ser las primeras señales de un cambio en la audición. Y, en muchos casos, son quienes rodean a una persona mayor los primeros en notarlo.
La pérdida auditiva es frecuente en las personas mayores y puede repercutir en distintas dimensiones de su vida cotidiana. Por eso, prestar atención a estos cambios y considerar una evaluación auditiva cuando sea necesario también es una forma de acompañar un envejecimiento activo.
La evidencia científica ha comenzado, además, a poner mayor atención en la relación entre audición y salud cognitiva. Desde GAES creemos que estos antecedentes refuerzan la importancia de incorporar la salud auditiva al cuidado integral de las personas mayores. Las familias tienen aquí un rol fundamental, no solo porque pueden reconocer algunas señales, sino también porque pueden acompañar y facilitar el acceso a las alternativas disponibles para cada persona.
En el Mes del Adulto Mayor, debemos reflexionar sobre la importancia de cuidar la audición como parte del bienestar. Acompañar a nuestros seres queridos en este proceso puede contribuir a que mantengan su autonomía, sus relaciones y su participación en las actividades que forman parte de su vida.
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