Viernes, 22 de Mayo de 2026  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural… La cebolla nacía en saco harinero

Crónicas de pueblo por Sergio Díaz Ramírez, Instagram @amanecerdelgallinero

  • Tuitea
  • Comparte
  • Imprimir

 
Más Noticias
     
  Banda Vitalis logró el primer lugar de la categoría covers en el 2° Festival Nacional de Bandas Escolares Arte al Patio 2026
  Gran muestra de modelismo y coleccionismo cautivó al público en el Centro Cultural de Los Andes
  Banda Vitalis del Liceo Maximiliano Salas participará en el 2° Festival Nacional Arte al Patio 2026
  Red Cultural de Aysén y Valparaíso conocieron el exitoso modelo de gestión del Centro Cultural y Museo Pedro Aguirre Cerda
  Costumbrismo Rural… Casa Magnolio...
  En el Centro Cultural de Los Andes se realizará encuentro gratuito de modelismo y coleccionismo
 
 

Don Francisco estaba muy concentrado en el trabajo, mientras yo tenía que abrir un saco de maíz. Con mi tijera a mano le consulto si podría deshacer esa difícil costura sin cortar el saco. Me mira con esa confianza de haber sido criado en el campo de Calle Larga y se acerca. Intenta por un extremo y luego por el otro, donde certeramente procede, dejando un suspiro de satisfacción. A raíz del tema, le recuerdo los usos antiguos del saco harinero y me sorprende al describir un uso que terminó inspirando la siguiente crónica.

Ese saco de lienzo de algodón grueso, blanquecino, muy durable y de uso repetido, se convertía en muchas cosas: paños de plato, cortinas, pañales, sábanas, pelero de montura, gorro de peón, incluso ropa de trabajo temporal.

Don Pancho nos tenía una sorpresa…un uso desconocido de los sacos harineros. Respira fuerte y relata que su padre, ya hace muchos años, ponía las semillas de cebolla en un saco harinero mojado para realizar la pregerminación. No conforme con eso buscaba la temperatura ideal en el guano de corral maduro, en el que abrigaba esas semillas. Tampoco esto podía hacerse en cualquier momento, pues siempre se relacionaba a la luna menguante, propia de cultivos con frutos bajo tierra.

La semilla de cebolla respira, se embebe y abriga bajo condiciones especiales del mundo rural. Parecería que el ámbito cultural nos envuelve y a veces cuesta ver hasta donde llega la leyenda y comienza la explicación biológica. El saco harinero va de la mano de las experiencias campesinas acumuladas, miradas del ambiente y creencias tradicionales. El viejo había manejado la humedad adecuada y sentía que esas simientes se habían activado, la imbibición despierta y activa los procesos metabólicos, originando una germinación más rápida y pareja.

La segunda etapa del proceso quizás era la más delicada pues la bosta de vacas debía tener una madurez tal, que no produjera la presencia de hongos, bacterias y microorganismos que pudieran perjudicar el proceso de las semillas. Su padre hacía ya bastante tiempo había acumulado el estiércol de lechería y el sol y aire terminaban la adecuada transformación, los microorganismos benéficos que cubrirían los sacos harineros con semillas de cebollas, más la fibra de las bostas producían un calor suficiente para acelerar la germinación, además de mantener la humedad del milagroso envase blanquecino. Era necesario, en el valle de Aconcagua, preparar las semillas antes de realizar los almácigos y luego la siembra.

 

Esos rincones de Valle Alegre aún recuerdan, a través de imágenes costumbristas, lo que fueron esas tradiciones del pasado. Si escuchas el eco del golpeteo de los cascos del caballo de Paulo González Tapia, llamado Hippie, eso es encontrarse cara a cara con las leyendas y costumbres del siglo XX. Los cultivos de cebollas en la actualidad o los semilleros de exportación utilizan otras tecnologías para pregerminar las semillas, para lograr plantas más parejas, ahorrar simientes, acrecentando resultados en climas fríos y secos, como nuestro valle.

La luna caída o menguante era la elegida, para su cultivo de cebollas y dichos campesinos de la época recitaban con total seguridad: en menguante se aprieta el bulbo, la luna tierna es para lo que crece arriba, la cebolla quiere luna caída. Recorría sus tierras en una yegua negra tapada, mirando el crecimiento del follaje o pluma e imaginando los rendimientos acostumbrados. Tampoco olvidaba su querida luna, una aliada ancestral, que especialmente en ese cultivo y bajo menguante, provocaba el desarrollo del bulbo y raíz, plantas más firmes, menos tendencia al vicio y mejor conservación en la guarda.

Ya bajaba de la yegua, la amarraba a la sombra de un viejo quillay, soltaba las cinchas y golpeteaba suavemente su nuca. La cosecha venía abundante y no solo se llenaría el galpón de guarda, pues el antiguo corredor se perfumaría con las cuelgas de valencianas que cubrirían cinco líneas de oxidados alambres, otorgando esa muestra de costumbrismo rural que no podía faltar en los duros inviernos del valle.

Tampoco olvidaba esos sacos harineros que absorbían la humedad sin ahogar la semilla, excelente ventilación, conservaba una temperatura moderada, permitía escurrir fácilmente, resistente y reutilizable. Agradecimientos a don Francisco por recordarnos uno de los usos más útiles y desconocidos del único y famoso saco harinero.


 
 
Twitter Facebook Flickr
 

Codelco: una agenda estratégica de largo plazo

Prevenir también es cuidar

Pensión Garantizada Universal: análisis de su impacto y sostenibilidad en el bienestar del adulto mayor

Invertir también es construir tranquilidad

 
 
 
¿Está de acuerdo con la colocación de pórticos detectores de metales en los accesos a los colegios?
Si.
No.
Prefiero otras medidas.
Me da lo mismo.
Ver resultados
 
 
 
Diario Electrónico Andes Online® | ©2000-2026 Derechos Reservados.
Miembro de EMR™ Chile - Estadísticas de Medios en Internet - Estadísticas Certificadas
Andes Online is Licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 2.0 Chile License
Prensa | Publicidad | Contacto