Ad portas del inicio de un nuevo año académico y de marzo, mes de la mujer, renace un hito que merece recordarse. Y es que hace 215 años, el 24 de febrero de 1810, María Dolores Egaña Fabres se convirtióL9;L9; en la primera mujer chilena matriculada en una universidad nacional.
Esta pionera universitaria fue hija de la chilena Victoria Fabres González y del profesor peruano Juan Egaña Risco, quienes le brindaron una educación de excelencia. Y aunque las mujeres aún no tenían acceso a educación formal secundaria, ella reunía todos los conocimientos y capacidades que la Real Universidad de San Felipe exigía. AsíL9;, fue aceptada en la Facultad de Filosofía. Sin embargo, dado el inicio del proceso independentista, en el que su padre se involucróL9;L9;, no finalizó sus estudios superiores.
Lo anterior no resta valor a sus méritos. María Dolores Egaña fue una mujer que estaba dispuesta a abrirse camino en un mundo masculino y que sentóL9;L9; un precedente que siguieron, a fines del siglo XIX, las primeras profesionales, como las doctoras Eloísa Diaz y Ernestina Pérez o la abogada Matilde Throup.
Recordar su historia nos permite valorar cuánto hemos avanzado y cuánto podemos aprender de aquellas mujeres que dieron esos primeros pasos.
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