Domingo, 5 de Febrero de 2023  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural… El bullicio de los bambúes

Crónicas de pueblo por Sergio Díaz Ramírez, Instagram @amanecerdelgallinero

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Nuestro valle de Aconcagua, y su sofocante calor, se escapa en general de los cultivos más tropicales, como podríamos caracterizar las varas del bambú. Obviamente es una planta exótica y no la encontramos en los cerros de precordillera, ni en quebradas o potreros del valle. A lo más unas cercanas parientes como los cañaverales en los taludes de tranques, que cortan el viento y abrigan las noches para patos silvestres, taguas y garzas encluecadas. Un olvidado coipo también podríamos encontrar en ese ambiente.

Sin embargo, existen rincones y cercas, donde se ha logrado un microclima gracias a la sinergia del agua, humedad y temperatura. En los años noventa, en los jardines de la propiedad de don Luis Peppi -destacado agricultor de vides y olivas, entre otras, en la comuna de Calle Larga- pude observar las cañas más gruesas de bambú que existen en la zona. Un verdadero bosquete de intenso verde y jugosas cañas, hacía saborear a las liebres, que en noches cerradas corrían sin desmayo a los descomunales troncos.

A don Carlos Ángel -recientemente avecindado en la comuna de San Esteban- le llamaba mucho la atención como los bambúes que brotaban desde la casa de al lado, se iban rápidamente agolpando a la vera de su deslinde de adobe. Ese toque tropical era ayudado por su bomba de agua, que una vez por semana inundaba ese rincón que adquiría, especialmente de noche, un crecimiento sorprendente. El ambiente salpicado por unos olivos y peumos, iban conformando un ecosistema que no dejaba de tener algo de misterio. Una mirada con un dejo de leyenda, algo insinuaba, mas no lo compartía porque aún no encontraba explicación. Su formación científica le impedía dejarse llevar por ese fenómeno.

Especialmente en las noches de luna, gustaba de salir al patio y escuchar ese rincón zeng. Unos crujidos regulares inexplicables causaban algo de inquietud, quizás algún grillo decía presente, una ranita de rulo, chercanes conciliando el sueño o pequeñas lauchas masticando frutos secos de peumo. Noche a noche la intriga seguía. El misterioso bullicio que a don Carlos asustaba se entremezclaba con la fresca brisa nocturna, que le recordaba unas películas orientales, donde miles de cañas cubrían en corto tiempo, los más hermosos bosques que pudieran existir.

Su espíritu inquieto lo llevaba a seguir descubriendo, con algo de ansiedad, los secretos que las tierras de origen le pudieran ofrecer. Mitos y leyendas milenarias lo dejaban meditando, pero no encontraba las razones del inquietante susurro que ese rincón del patio le mostraba, aunque él se negara a creerlo. El frío invierno de 2022 le había impedido observar los movimientos verdes de esas cañas, unos tonos amarillentos y delgadas hojas cafés lo hacían ver, sólo como un espacio más en su patio. Todo ha cambiado desde octubre en adelante y la interacción con ese bello ecosistema lo atrae y lo aleja.

Cuesta imaginar cuarenta millones de años, mas la historia habla que esa es su edad. Hechos más concretos los remonta a China, en el 5000 A.C., los arcos y flechas fueron su primera utilización, seguido por las construcciones de chozas, debido a su extraordinaria resistencia y ductilidad. Don Carlos ya está en el origen y le sigue la ruta, cuando los navegantes portugueses en el siglo XVI, la llevaron a España. Innumerables productos de carácter utilitario, instrumentos y materiales para la construcción, llegan a diario, directamente de esa vieja China, que aun pisa en sus campos, las milenarias terrazas.

Tiene muy claro que su reproducción es por rizomas, que se multiplican por todos lados en ambientes propicios. Sin embargo, algunas leyendas hablan de la paciencia que se debe tener en el cultivo, lo que lo lleva a tener una segunda intriga. Cultivo lento y bullicioso, sus certezas se van debilitando y decide poner mayor atención a su estudio y observaciones. Los artículos de rápida lectura lo siguen complicando y archivos de la Biblioteca Nacional, comienzan a develar cómo esas varas pueden permanecer quietas y bajitas hasta por seis años. Los países orientales manejan las plantaciones con delgadas semillas, las que demoran ese tiempo en colonizar los suelos, sólo con sus raíces.

Pensadores orientales indican que los bambúes son como los seres humanos y esos seis años los asimilan a la etapa de crecimiento, formación académica y madurez. Posteriormente existe la libertad para desarrollarse en diferentes direcciones. El patrimonio genético de los japoneses y chinos, como también norteamericanos, mexicanos y peruanos, utiliza una reproducción en base a semillas, pues de esa manera pueden aprovechar las más de cuatrocientas variedades que existen de esta especie. La industria a nivel mundial que la trabaja, requiere el manejo genético, según su destino sea ornamental o industrial.

Don Carlos Ángel, ha cambiado su semblante, camina de un lado para otro, si bien demuestra la misma ansiedad de días pasados, algo lo anima en su rostro. Se atropella en conceptos y repite frases que cuestan entender, de crecimientos nocturnos de brotes. Habla de una guerra de divisiones celulares, donde las paredes se elongan, se transparentan, abren las estomas, y ribosomas cuan motores, revolucionan a mil. Al fin ha descubierto los susurros de su rincón oriental, y como no escucharlo, si cientos de brotes en la calma de la noche rompen el suelo, para elongar hasta ciento veinte centímetros, en esa jornada. Desgarros de células clorofílicas fortaleciéndose en frescas noches para defenderse de los violentos rayos solares del día siguiente. Ha develado el misterio de manera científica y por ahora logra adormecer la leyenda del “bullicio de los bambúes”.


 
 
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