Martes, 6 de Diciembre de 2022  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural… Los palenques viven

Crónicas de pueblo por Sergio Díaz Ramírez, Instagram @amanecerdelgallinero.

 

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Los mensajes, recados, saludos de los viejos tiempos y especialmente en esos caminos polvorientos de los campos, han ido dando paso a otro lenguaje. La globalidad e inmediatez puede sorprender, pues las redes sociales, muchas veces no interpretan de buena manera los requerimientos de un sitio. Una foto o post, mirada a la ligera, puede originar una situación impensada. Hace un par de semanas desde Sacramento, California, con insistencia me ofrecían unos gallos de razas desconocidas por mí. Evento que vale la pena preguntarse, en que pie se encuentra.

Con la rapidez de estos tiempos, la información caía luego de recorrer nueve mil kilómetros y ponía en la palestra una serie de razas de gallos de pelea. Así me escribían desde un sitio, “Manejo gallos de razas Suéteres, Kelso, Caballo de Guerra, Calabaza, Clement Grey, Mc Rae, Sid Taylor, Redquill, Claret, White Hackle, Leiper, grises y blues. “Los negocios y conocimiento de rutas a nivel mundial son tan estudiadas que en cuarenta y ocho horas el envío estaría en Pudahuel. Las leyes del país de destino, certificaciones sanitarias, cuarentenas, requisitos e impuestos, al parecer no estaban considerados. Ni hablar de costumbres, historias o bienestar animal.

El tema estaba en la mesa y, a modo de inquietud, me preguntaba por la situación legal de las peleas de gallos en el gran país del norte. Como era de suponer el evitar dolores y traumas, ha ganado mucho trecho en la última década y en cincuenta estados de EE. UU., es un tema ilegal. En treinta y nueve se considera un delito grave, entre ellos California, que es de donde me llegó el ofrecimiento antes mencionado. Se considera falta el hecho de permitir peleas, ser espectador, tener implementos y poseer o ser dueño de un gallo. En paralelo grandes estudios de abogados, ofrecen sus servicios de defensa para los inculpados, transparentando el volumen de arraigo e ilegalidad en el palenque.

Una mirada a América, en general, nos dice que nuestro país fue el primero en prohibir las peleas de gallos, seguido por Uruguay. La influencia de la corona española durante la conquista y posteriormente en la colonia, llevó a lograr una raigambre poderosa en Chile, en las zonas rurales y suburbios de la ciudad. Los palenques (canchas de pelea), se hacían fuertes y las apuestas de los sangrientos combates salían a relucir los fines de semana. Cuidado de las razas, tradiciones y volumen de fuerza laboral, atentaban contra el cambio de legislatura. Lejano se ve en nuestra actual cultura, esos tiempos en que el gobernador García Hurtado De Mendoza, en el año 1558, introducía las riñas de gallos a nuestro territorio.

Brownman Gamefarm, insiste, a pesar de que le había explicado que mi criadero, era sólo de razas criollas chilenas.” Tomo doscientos dólares por un ciervo, ciento sesenta por una gallina, trescientos por un dúo y cuatrocientos dólares por un trío. “Complementa que hace envíos a Chile por paquetería o USPS, en un máximo de cuarenta y ocho horas, con servicios rápidos y confiables. Múltiples preguntas quedan en el aire, pues tanto la legislación ganadera de origen y destino es muy estricta. Certificación zoosanitaria de origen, resoluciones de cuarentena en destino, son interrogantes que hacen sólo pensar en un mundo de clandestinidad. La misma que podemos observar en la infinidad de galleras que recorren nuestra américa.

A principios de este milenio, caminaba por las calles de Uruapan, pequeña ciudad de Michoacán, en México. Un pueblo agrícola, muy similar a Quillota, donde las paltas colgaban de los árboles por un sinfín de huertos. En sectores centrales de la ciudad, se mostraban curiosamente las jaulas con gallos de pelea, en las veredas de las calles. Los cantos comunicaban desde una vereda a otra y también entre largas cuadras. Los galleros a media mañana los ataban de una pata a una estaca y permitían cierta libertad de movimiento, sobre el pasto de los jardines. Con los días me enteraba que el estado era parte del corazón de los palenques. Pañuelos rojos y verdes avivaban y preparaban los ruedos.

En 1988, en Arica, me encontré con gallos en jaulas en plena ciudad. Sin duda la cercanía con Tacna influenciaba de fuerte manera dicha raigambre. En la zona de Catemu, en 2016, vi retintos gallos en crianzas en esos rincones olvidados. Don Willy Valdés, de Condoroma, nos comenta que hay crianzas actualmente en Valle Alegre, incluso pequeños gallitos blancos originan fuertes pendencias y sólo se calman al separarlos con alguna gallina. La penumbra ha mantenido las razas coloniales y las del 1800, testigos de amaneceres de los campos del Aconcagua, se niegan a desaparecer. Sin duda algún ruedo andino llama clandestinamente mediante coloridos pañuelos que le ponen lumbre a pesar de la ley 21.020.                                                                            

Los gallos se multiplican y mueren de manera lícita, en encarnizados combates en Perú, Colombia y México, como también en Andalucía e Islas Canarias, por nombrar lugares más conocidos por nosotros. Muchos otros países de América, si bien los tienen prohibidos, existe una pasión que viene de muy antaño, y prima fuerte la clandestinidad. Si bien en Chile ya en 1823 el director supremo Ramón Freire firmó un decreto de prohibición, un manto de misterio, apuestas, leyendas y rituales corrió en rededor de los vuelos y espolonazos mortales.

La artista visual chilena Romina Aura Krause, nos presenta en una pintura ese ritual de la pelea de gallos, un verdadero simbolismo de su creación. El gallero no para de multiplicar y entrenar esa máquina viviente. El campo es testigo de su canto y fuerza subyugadora. La historia habla de tradiciones y costumbres de leyenda. Las leyes juegan el doble papel de prohibir y absolver, en un en un juego interminable. Una América morena y del norte que camina en la legalidad o clandestinidad, donde los palenques viven y sin visos de reconversión.

 


 
 
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