Viernes, 6 de Febrero de 2026  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural… La Flor, el Moco y el Coco …

Crónicas de pueblo por Sergio Díaz Ramírez, Instagram @amanecerdelgallinero.

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Los Andes sin duda es la tierra de los nogales, sus desnudos troncos invernales no exponen sus tiernos brotes hasta que las blancas heladas hayan subido a esconderse al Nevado de Juncal y Alto Los Leones, en las quebradas de las nieves eternas, hasta que los abrigados rayos de sol se encuentren entibiando los profundos potreros del valle.

Variedades muy productivas. Plantaciones alineadas con equipos de riego de última generación, las encontramos en las cuatro comunas. Cómo no admirarse ante el trabajo centenario de la familia Rivacoba en el rincón El Castillo de Calle Larga, cuando los colosos llenos de bins ruedan seguros al packing de secado, selección y envase.

Estas nogaladas de mariposas doradas no siempre fueron así, durante la Colonia y en los siglos posteriores el campo chileno conoció y cultivo en los parques de las haciendas el gigante nogal negro, que con siglos a cuestas aun destacan con sus frutos gourmet, sombras y elegancia. 

Originarios de norte américa, caminaron a toda Europa, Asia oriental y Sudamérica, donde se adaptaron y se constituyeron como arboles longevos que alcanzaron los 45 metros. En los campos del 1900 se llenaron de simbología, produciendo un fruto en trima (nuez), de múltiples aplicaciones. Nuestro campesino lo buscó por su experiencia y características medicinales.

Don Rumildo, en los años 60, ya peinaba canas y no se despegaba de sus colmenas, pero de tanto en tanto, esperaba que cayeran los frutos rugosos y de gruesa cascara. Decía que era por las propiedades nutricionales, a veces como desparasitario, como ayuda para las glándulas internas, sin embargo, un cabello muy oscuro salía a relucir en el viejo Ruma, luego de procesar esas nueces llenas de secretos.

Añosos nogales negros que ornamentaron las casonas del campo, dieron paso con el caminar del siglo XX, a las plantaciones de nogal blanco. Tímidamente los agricultores trazaron esas nogaladas que se desarrollaron en Aconcagua, constituyéndose en uno de los frutales principales. Precisamente el nogal negro, fue uno de los patrones utilizados que le dieron fortaleza y longevidad.

Tan importante y adaptado se encuentra este frutal que capitales suizos se fijaron en Loma de Segura en sector La Florida de San Esteban, para transformar un árido espinal en un vergel. Trecientas hectáreas en producción para ir directamente a maridar los perfumados chocolates de Europa. Cristian von Gear y su padre lideraron el proyecto.

Cristian Pérez, destacado agrónomo de la comuna de San Esteban, se crio en el valle y captó la esencia de los amentos y flores de las drupas, sus sistemas radiculares, susceptibilidades a enfermedades, tipos de riego y variedades. Eso lo ha convertido en un experto, que lo tiene viajando y asesorando nocedales en diferentes latitudes del mundo.

Don Fernando Vargas en la década del 80 y 90, recorría sus plantaciones a orillas de la calle Tocornal, sus estudios del cultivo lo hacían recitar conceptos difíciles de entender de buenas a primera. Alzando la vista podía reconocer los diferentes estados fenológicos, los tipos de amentos, los de verano y los de reposo invernal, yemas de invierno, escuamas caídas, floración etc.

El valle de Aconcagua ha cubierto el 70 % de la superficie de nogales del país. Los campos de suelos profundos acogen esos longevos frutales, los galpones reciben en abril las cosechas abundantes, donde las famosas temporeras golpetean sus crujientes cascaras durante los largos inviernos andinos.

Doña Olga Torres, nacida y criada en el campo del Valle describía con sapiencia los estados de desarrollo del árbol, cuando ramas aparentemente secas se van volviendo verdes en la floración, para luego mostrar un racimo o amento hasta cubrirse con hojas y formar el fruto. Los especialistas demoran en describir el proceso que doña Olga lo resumía en “la flor, el moco y el coco “

 

 

 

 


 
 
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