Viernes, 4 de Diciembre de 2020  
 
 

 
 
 
Opinión

La pandemia nos impone otro tipo de liderazgo

Por Juan Pablo Amar

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Sin duda en épocas de ansiedad e incertidumbre, como la que hemos vivido a causa de la pandemia, el liderazgo se hace aún más relevante, pero ya tampoco puede ser ese liderazgo jerárquico tradicional, sino que se impone uno nuevo, uno que se caracterice por ser más colaborativo, ágil y sistémico.

Los nuevos líderes -o aquellos que van a sobrevivir a la crisis- serán aquellos capaces de guiar a las personas combinando características personales como visión, empatía y competencias prácticas; y que posean además la capacidad de adaptarse a las cambiantes demandas del negocio.

El desafío no es menor si pensamos que hoy es obligación continuar manteniendo a los equipos cohesionados, comprometidos y motivados, aunque estén desempeñándose de manera remota o bien, confinados en espacios limitados y casi sin contacto con el resto de su equipo de trabajo.

Una publicación reciente de “The Boston Consulting Group” señala la importancia que tiene para los líderes enfocarse en lo que realmente impulsa el éxito: liderando con la cabeza, el corazón y las manos. La cabeza, para visualizar el futuro y establecer las prioridades necesarias para triunfar; el corazón, para inspirar y empoderar a los empleados y, las manos para garantizar la ejecución de las medidas necesarias de manera innovadora y ágil. A juicio de BCG, son ellos quienes, en todo el mundo, están obteniendo ganancias para sus empresas -incluso en estos tiempos de turbulencias-, en tanto cimentan su ventaja competitiva para el futuro.

Liderar requiere vencer los miedos y arriesgar nuestros propios paradigmas, esto toma especial fuerza en momentos donde afrontamos situaciones de contingencia -como la pandemia sanitaria en la que aún estamos sumergidos- y que nos desafía a re-visitar el cómo hacemos empresa y a aceptar la incomodidad como un catalizador de oportunidades de cara al futuro mediato y de largo plazo.

Se requiere de líderes resilientes, personas genuinas y sinceramente empáticas con empleados y clientes, dispuestos a construir de forma colaborativa, horizontal e inclusiva con la mayor diversidad de talento disponible. Pero también, -en simultáneo- deben ser racionales y capaces de velar por el buen desempeño operacional y financiero ante eventos que impactan la supervivencia misma de las empresas en todo el mundo.

Así hoy, las empresas deben prepararse para salir de esta crisis global y recordar que lo que era “normal” para todos, después de la pandemia será muy diferente a lo que estábamos acostumbrados antes de que ella apareciera. Pero tampoco debemos olvidar que no nos vamos a enfrentar a una “nueva normalidad”, sino más bien a una “nueva realidad” y para ello nada mejor que contar con un liderazgo renovado, de lo contrario, corremos el riesgo de ser reemplazados y quedar fuera del juego del futuro.

 


 
 
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