Miercoles, 8 de Abril de 2020  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural...Rebaños de Aconcagua abandonan la provincia...

Por Sergio Díaz Ramírez, Crónicas de pueblo.

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¿Qué fue de junio de 1986?,cuando metros de agua cayeron en Aconcagua, cuando las noticias nacionales daban cuenta de la destrucción del puente el Rey en San Felipe, cuando ríos bajaban de Putaendo y el badén de Quebrada Herrera recordaba siglos pasados. ¿Qué fue de esos Caracoles con murallas de nieve que sobrepasaban en dos, los valientes buses aventureros?

 Pedregal, en los altos de San Esteban, un burro mirando al este, un caballo al poniente y una mula al oriente, parecen preguntarse también qué fue de esas temporadas, cuando los bofedales bajaban verdes y frescos. Cuando las semillas de precordillera germinaban abundantes bajo los espinales y los ramoneos de arbustos sustentaban los vientres preñados.

Veinte años de sequía, los últimos cinco sin gota de agua, ganadería extensiva, animales rurales se quedan en los potreros por falta de agua de bebida y talaje, sólo queda emular años críticos de los sesenta, cuando los arreos al tren y camiones llevaron el ganado a la octava y novena región.

Décadas pasadas, abundantes pastos recibían los vacunos en Mulchén, Freire y toda la Araucanía. En la actualidad el ganado hay que repartirlo desde Marchigue hasta la novena, pues el crecimiento de monocultivos de bosques y los mega incendios, han mermado de manera importante los potreros para talaje.

Hace ya un tiempo largo que vemos la compuerta vacía, que las estrellas de tv son los meteorólogos, de los cuales esperamos por arte de magia anuncios de lluvias, que no llegan. Algunos dicen que son ciclos, otros dan certeza del cambio climático y por mientras se acrecienta la sed y disminuye la vida.

Autoridades de Aconcagua insisten en ayudas con sacos de pellets de alfalfa, fardos y concentrados, que las mineras se llevan el agua, que los pozos, que los glaciares, que los embalses. De la década del sesenta que se iniciaron los estudios geológicos para la Puntilla del Viento, y ni puntilla, ni viento, ni otra solución.

San Vicente, Ranchillo, Campos de Ahumada, donde quiera que vayas, deambula el ganado buscando alguna explicación de tan cruel panorama. No bastaron las ayudas estatales, ni las compras de pellets de alfalfa en Argentina, tampoco los esfuerzos personales, nada que hacer con un fardo de precio excesivamente alto.

Don Juan no abandona su ganado. Dice que ya preparó su morral y pilchas, un par de pingos y un horizonte de 5 meses en el sur, separado de la familia. Se va rezando por una próxima temporada de goterones abundantes, que sean capaces de romper los tegumentos de las semillas para que verdeen los cerros y sus cabras den la leche para crías, quehaceres y quesos.

Recuerda que la gran sequía de 1968-1969, dejo solo un 45 % de la población ganadera, afectando desde Atacama a Biobío, y teme una situación similar, con la crisis de los últimos años.

El ciclo productivo de carácter extensivo en Aconcagua se inicia a fines de mayo, producto de las primeras lluvias, la pradera natural se hace presente y ese pasto verde nutre las madres de ovinos y caprinos para que se amamanten las crías. El pasto crece especialmente con las temperaturas de septiembre y en octubre las praderas amarillas dan cuenta de la fructificación y formación de semillas que se esconden bajo la tierra para alimentar futuras praderas.

Los inicios y fines de temporada son muy importantes, pues deben suplementarse, es así como en abril las hembras están en su último tercio de preñez y las praderas suplementarias de semiriego son fundamentales. También en octubre a diciembre los suplementos terminan por hacer crecer las crías para darle termino.

En años productivos se rezagan potreros para los periodos importantes antes descritos. Sin embargo, los años de sequía, solo traen sobrepastoreo e impiden la recuperación de los potreros.

Esta trashumancia inusual, de cierto modo, nos revela la improvisación en muchos aspectos de nuestro país, sin embargo, también nos deja aspectos positivos, que nuevamente nacen de lo más profundo del hombre de campo, quien no claudica en la adversidad y deja todo por su rebaño.

 

 

 


 
 
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