Miercoles, 19 de Febrero de 2020  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural. – La yunta de don Erasmo

El  Ingeniero  Agrónomo de la  Eco granja Parque Cordillera nos trae otra historia campesina del ayer.

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Corría el año 1963 y don Erasmo, huaso de a caballo de Campos de Ahumada, recorría lomas y cuestas en busca del ganado que pastaba tranquilo en praderas naturales de cerros andinos. Varias veces en la temporada arreaba al pajal de la casa dos yuntas de bueyes para los trabajos campesinos. Es así como atravesaban la tranquera esas bestias coloradas y overas que impresionaban por su tamaño.

Generalmente se criaban juntos las colleras, se amansaban desde terneros y su castradura aumentaba la paciencia y mansedumbre, de manera que verdaderos mansos se enyugaban para las faenas. Los colorados eran “Entonado” y “Desabrido”, y la yunta de overos” suma y sigue”.

Explicaba que en esos tiempos era el recurso más económico para los pequeños agricultores, los pastos crecían en los cerros con espinales y las chacras daban abundantes suplementos con rastrojos alimenticios. Decía que era principal la “escogencia”, debían ser machos por su fortaleza innata, castrados por su docilidad, similar alzada y desarrollo.

La yunta se entrenaba desde los dos años, con buen desarrollo fisiológico, de su esqueleto, musculatura y cornamenta. Se iniciaba una con una carga sobre la cabeza de manera individual por dos o tres semanas, luego se enyugaban y se daban ordenes mediante una picana que llevaba el gañán. El yugo era sujeto sobre la nuca y enlazado mediante una coyunda a sus fuertes cornamentas.

Las pezuñas eran cuidadas mediante una aplicación con mezcla de aceite quemado y creolina, para protegerlas de la humedad y darles más dureza. Cuando se desnivelaban, una escofina y despalmada.

Múltiples labores realizaban don Erasmo con sus yuntas, pero una muy singular era acarrear mineral desde un pique en la Vega de la Fragua. Era costumbre vivir ciertas aventuras en la mina, ya no era extraño oír el llanto de una guagua en su interior, o que se le soltara el freno a la carreta y se espantaran los mansos. Almas inquietas habitaban los túneles -y lo hacen hasta la fecha- según nos cuenta Mauricio Saldívar, pirquinero del sector.

En mayo se preparaba la tierra. El arado enterraba los rastrojos y el suelo fértil anunciaba una buena temporada, cultivos de invierno como las habas, repollos y garbanzos eran los primeros en la siembra, junto al trigo molinero para los futuros amasijos. Cosechas de octubre a diciembre y la yunta pasaba nuevamente para las chacras de verano: porotos coscorrones, melonas escritas y chocleros eran los cultivos infaltables.

Servando hijo de don Erasmo, se esmeraba en completar unos 30 almud (cajones de 6 a 8 kg) con recaudos (porotos verdes) para cargar la carreta y bajar a una feria libre. Además de unos 20 toritos (cajas de 18 kg) de tomates. No faltaban unos 200 melones maduros en la carga completa.

Se extrañan las yuntas de bueyes, los suma y sigue de don Erasmo, los animales más poderosos de la bovina genética. Esa inteligencia para moverse en equipo. Esa mansedumbre para aceptar la coyunda y el yugo. Esa fortaleza mezclada con humildad para los trabajos, sabiendo que, con su poderío, podrían hacer otra cosa. Rumia rítmica y cansina, mirada tranquila y pasos silentes.

En nuestro valle andino solo quedan los recuerdos. Bestias de fortaleza superior y humildad quieta. Experiencia de abuelos e inteligencia ancestral.

Sus coyundas colgadas hace ya 40 años, aún perduran y no morirán, al menos...en el corazón de don Erasmo y su hijo Servando.

 

 

 


 
 
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