Sabado, 26 de Septiembre de 2020  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural- Caseritas Andinas...

El Ing. Agrónomo de la Eco granja Parque Cordillera, Sergio Díaz nos relata la historia de los antiguos mercadillos de Aconcagua.

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¡No quiero ganar plata!, vocea Joselo, para vender los toritos con tomates limachinos, arrugados como los originales, muy distantes de los redondos transgénicos larga vida, que los supermercados ofrecen, luego de que han viajado 2 mil km desde el extremo norte. Los zapallos también son su especialidad. Y, por la compra, se dejan querer dos a tres ajíes que van, recordando la antigua yapa.

Pituco Fruit y su bacán pinta tatuada. Contrasta esa aparente fiereza con su amabilidad que se ve expresada en una atención única, acompañado con la delicadeza de su mujer, que no deja de cuadrar los vueltos, siempre hacia abajo. Frutas diversas son su mercancía, las de la estación, acompañadas con las tropicales, piñas, mangos y plátanos, durante toda la temporada.

Doña Auristela, de 85 años. Sus añosas manos desgranan las vainas de habas y granados. También desmenuzan y enroscan las matas de apios, que embolsan durante la mañana, para que sus caseras lleven los frescos productos a sus guisos y ensaladas. Semana a semana y con tranquilidad de tibetano desarrolla la tarea.

Unas hermanas repetidas, altas y morenas junto a esposo y cuñado, viajan de noche a Quillota por cebollas y hortalizas, de vuelta en Llay Llay por ajos y alcachofas. Camión tres cuartos llenos y de regreso a las seis de la mañana para acomodar el puesto y ofrecer los productos tiernos (morrones, pepinos, cebollines, ajíes, lechugas, tomates, zanahorias, recaudos, granados, habas, rabanitos, acelgas, repollos), para sábado y domingo.

Sagradamente don Pedro destina el sábado, a media mañana, a la feria andina de calle San Rafael, es su tarea y pasión, ni siquiera es necesario que Marcela se lo recuerde. Idealmente lo acompaña su hija Sofía, quien no olvida los encargos de su madre. Papas y cebollas por supuesto, lechugas costinas, tomates y repollos para la ensalada... Todo esto, hasta que la familia logre la total autosuficiencia en su invernadero orgánico... ánimo. Uff olvidaron el cilantrito...

Pocas aventuras datan de la Colonia, una de ellas son las ferias libres, donde se han mancomunado las necesidades de abastecimiento de las caseras, los oficios heredados de las familias vinculadas a la chacra, los coleros con sus puestos improvisados, los hortaliceros de valles húmedos, el político y su presentación ante la ciudadanía de a pie, la ley municipal y su control de balanzas y pagos de permisos. Gracias por ese folclor único de gritos derivados de papas serenenses, zapallos doñihuanos de guarda y sandias paininas caladas.

Doña Karen con su madre, la señora Sonia, prefieren el mercado mayorista cerca del regimiento. Su familia grande así lo amerita y va recorriendo sus caseros con la cajuela del auto abierta, alzando como cosa poca para la semana, dos cajones de tomates, medio saco de papas, una trenza de ajos, dos cuelgas de cebollas nuevas pascuinas, cinco melones, dos sandias grandes, cinco kilos de granados, un zapallo de guarda, seis lechugas costinas, españolas y un repollo. La fruta de la estación incluye un mix de un torito con 18 kilos.

Historias de feria, series interminables, generaciones, a lo menos diez. Sacrificios por supuesto, alegrías infinitas, braseros invernales para desayunos y sopaipillas entre la vereda y el puesto. Sanguches envidiables y empanadas en el bajón, gargantas privilegiadas y dichos llenos de chispeza, hasta los piropos absolutamente prohibidos en tiempos actuales se niegan a morir.

No puede faltar el rincón de la salud, con las yerbas medicinales. Matico para las magulladuras; agüita de boldo para el estómago; bailahuen en la vesícula; rico cedrón estomacal; hierba de San Juan para los reumas; melisa si quiere estar tranquila y un toronjil cuyano en las penitas de amor. Mejor que el doctor Simi.

Uno de los cambios absolutos en las últimas tres décadas han sido las carretelas tiradas por caballos que llegaban con las frutas y sacos paperos, melones y zapallos. La modernidad y reclamos por la protección animal desencadenaron la extinción. Camionetas y camiones, sin duda, han hecho más eficiente el funcionamiento. Sin embargo, el romanticismo añora ese caballo perche, esa yegua zaina con anteojeras, ese saco de osnaburgo colgado del hocico con alfalfa perfumada, ese aroma de bostas que recordaba los corrales polvorientos del campo y nos sacaba del cemento abrumador de las ciudades.

Poco a poco el caserita ha ido migrando a la damita, servida y con licencia que los nuevos idiomas nos muestran por doquier, además de las morenas estampas que se dibujan detrás de los puestos de feria. Indudablemente la chacra, el mercado y comercio ha acogido un sinnúmero de migrantes, que, asociados a los nuevos sabores y productos de origen, van redefiniendo una nueva feria, de mayor colorido, aromas y saberes.

En las cuatro comunas existe un programa rotativo de ferias libres, mercados que se abastecen principalmente de cultivos de Colina, Quillota y Limache, además de norte chico y Llay-Llay. En invierno se nutre de Arica, con sus valles Azapa y Lluta.

La feria libre es de gran utilidad y atractivo turístico, razón por la cual es curioso que nuestra provincia no cuente con un mercado permanente al estilo de La Serena, Temuco o Chillán. En Europa uno de los ejes de atracción son los mercados y en Barcelona es un paseo principal en plena Rambla. Sería interesante que alguien le dijera a Rivera o a los demás alcaldes esta idea, y lo más importante, poder desarrollarla con los propios feriantes.

En otoño se gritan los limones y mandarinas, en invierno las manzanas, membrillos y peras, en primavera cerezas y damascos y en verano las uvas, melones y sandias. Sin embargo, lo importante es que en cualquier época y con cualquier clima los aromas y colores nos acompañan en ese relajado caminar. Carros, bolsas y cajones, una vez por semana van hasta la casa y con ello un noble trabajo heredado de antaño...Caserita, caserita no desprecie mis productos...aquí se elige, se toca y se prueba...

 

 

 

 

 

 

 

 


 
 
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